Cada vez que me planteo, aunque sea de soslayo, volver a España, me entra el miedo de los años perdidos. Esos ocho años de mi vida, en tre 1984 y 1992, fueron absolutamente improductivos, centrado como estaba en volver a vivir en España, en los que me encontré con cosas de mi personalidad que en realidad me hubiera gustado ignorar.
De mis obras mejor ni hablar, pero señalaré que no se debe tener devoción ni fe ciega en nadie, como yo tuve en dos personas clave que me llevaron a mi propio huerto, o al de ellos. En resumen, un desastre.
Se puede argumentar que he cambiado. De hecho, lo pregono: no soy la misma persona, ni por asomo, que aquel ansioso muchacho que volvió tres veces «para quedarme» y acabó de vuelta en Miami con el rabo entre las piernas y un montón de oprobio merecido.
Quizá por eso, de volver, lo tengo que hacer mejor. No solo como responsabilidad a mí mismo, sino hacia mis seres queridos. No será ni hoy ni mañana, funcionará el AVE entre Madrid y Barcelona para ese entonces. Pero esperemos que pronto. Quiero comprometerme a cumplir 40 años viviendo en Madrid, aunque es una estupidez fijarme ese tipo de metas cronológicas.
Y ya que en estos 13 años de la buena suerte me ha ido tan bien, pues emplearé un poco del buen juicio que he acumulado para implementarlo. Veremos que pasa. Las cosas cambian y los criterios también.
Los años perdidos también revelan lecciones valiosas, pistas sobre el futuro y amargas moralejas.

Comentarios ( 1)
"Los años perdidos también revelan lecciones valiosas, pistas sobre el futuro y amargas moralejas". ¡Qué gran frase! Gracias por escribir con ese "pedazo de arte español". Aunque ten siempre presente que, como dice el gran Manolo García "Nunca el tiempo es perdido....".
Un abrazo, Ali
Por ALICIA ARRIBAS HERRERO | 2 de Junio 2005 a las 03:33 AM