Hace muchos años leí una novelita de Karl May, centrada, por supuesto, en el antiguo oeste de EE.UU. No me acuerdo del título, pero el caso es que el relato no tenía los estereotípicos indios y vaqueros tan típicos del autor alemán, sino varias confesiones de personas que las habían pasado canutas en la vida.
Los personajes van a una casa y le cuentan todo a su dueño, quien al final confiesa que es una especie de voyeur: «no tengo nada que contar, sencillamente estoy aquí para que me lo cuenten».
Aunque lo leí hace más de 25 años, me impactó muchísimo (aunque no lo suficiente para recorar el título). Desde hace varios años llevo considerando un proyecto de confesión en Internet, no desde el punto de vista religioso, sino del terapéutico.
Ahora me topo con postsecret, donde un bloguero piden que se le envíen postales originales a su casa en Maryland. La persona las escanea, y publica. Todas están en inglés, y francamente merecen la pena leerse, en algunos casos para darnos cuenta de la capacidad de autotortura o de soledad que tenemos los humanos. Algunas de las que me impresionaron (casi todas las postales están en inglés):
-Me cambio mi peinado mucho para ocultar el hecho que no puedo cambiar mi personalidad.
- Creo que Dios mató a mi segundo hija porque maté a mi primero.
- Mi padre no sabe que hace años tengo la misma enfermedad que mató a mi madre.
- Dejé a mi novio que me decía querido cuando hacíamos el amor para irme con alguien que me llamara zorra cuando me follaba.
