A las 8:30 de la mañana llego a mi primera cita, un sonograma. Me toca una estudiante y la especialista «de verdad» al lado. Bromeo que quiero saber si es niño o niña.
«Bueno, a lo mejor son gemelos», contesta la que sabe. La otra chica me llena la tripa de gel, y empieza a verme zonas del cuerpo que no me duelen hasta que me las estruja: el páncreas y el hígado.
Me encanta porque hablan entre sí como si fuera retrasado o sencillamente no tuviera conciencia: «bajas por las costillas, y así encuentras TÚ hígado...tienes que apretar para ver bien la arteria».
Al final, la empleada tiene que hacer todo de nuevo. Vuelvo a casa, y Josh me lleva al hospital para la esofagastroduodenoscopia.
Todos me dicen que es un procedimiento normal, pero me están preguntando si soy un donante y qué servicio religioso prefiero.
Me ponen la dichosa bata, una intravenosa y los nervios me delatan con una risitas. Los enfermeros arrastran la camilla hasta la sala, y ya veo la camarita con un gigantesco tubo. Me preguntan la estatura y el peso, me inyectan 15 de algo, sigo mirando al tubo...y me despierto en la camilla.
Ya ha pasado todo, y no me he dado cuenta. Me dan un papelito que dice que tengo esofagitis, gastritis y una hernia hietal. El médico tomó dos biopsias y me llamará la semana que viene. Me bajan en silla de ruedas.

Comentarios ( 2)
Iugsh
Por Nobuko | 13 de Mayo 2005 a las 08:07 PM
Si no fuera tan serio, sería para reírse con las preguntitas sobre ser donante y el servicio religioso. Al menos ya tienes un diagnóstico. Ánimo.
Por Juvenal | 14 de Mayo 2005 a las 05:53 AM