Ahora viene lo difícil. Me di cuenta cuando veía tanto y tanto mar, durante muchas horas. El inmenso océano que separa a Madrid de Miami. El viaje a España ha sido como un sueño, y en algunas ocasiones como si estuviera viendo una película en lugar de estar presenciando la realidad del momento.
Si no fuera por las fotos, hasta me plantearía que de verdad fue un copioso y bonito sueño, pues son dos realidades distintas. Al igual que el otro a México hace menos de 55 días, te hace plantear las cosas.
No voy a poner aquí mis conclusiones, porque todavía es prematuro. Pero sí mis ilusiones: me hubiera quedado con mucha facilidad. Y lo advierto, aunque conté este chiste, como lección de pasado y disciplina de presente:
Un señor vive en el cielo, y se decide a visitar a un amigo en el infierno. Nada más llegar, juergas, sexo, diversión a tope, todas las noches saliendo.Volvió a su aburrido cielo y tras pensárselo unos días en su parsimonioso edén, decidió volver al infierno para quedarse a vivir. Al regreso, sin embargo, las cosas se torcieron. Todos los días se tenía que ir a trabajar, cargando mierda en situaciones espantosas, y llegando a casa hecho polvo. Confundido, le pregunta al amigo que por qué ha sucedido esto, pues se lo había pasado muy bien antes.
Contesta el amigo: «Es que no es lo mismo ir como turista que como inmigrante».
