Hoy mi hermana Marga y mi cuñado Manuel me han acompañado a ese hito madrileño que es El Rastro, un mercado popular que siempre ha sido buen pulso del índice folclórico del país.
El Rastro de 2005 tiene poco que ver con aquél de hace 30 años, donde veías toda clase de fauna enjaulada, lista para ser despachada y se encontraban todo tipo de cosas. Ahora hay más ropa, música y DVDs que otra cosa, aunque quedan resquicios de sabor.
En las escaleras de la Junta de Distrito siempre están los fumadores del porro obligatorio de marihuana, que lo hacen con tanta naturalidad que dan ganas de incorporarse. En la plaza de Vara de Rey están los anticuarios, que venden de todo, hasta un cinturón de castidad. En las calles paralelas (sobre todo en Carlos Arniches), te sueles encontrar más sorpresas. La señora que está en la foto es un buen ejemplo.
Entramos brevemente a una librería, y vi varias biblias en tomos gigantescos. Estaban clasificadas como «Ciencia Ficción». El librero no me permitió sacar una foto.
