Anoche en casa de mi cuñado, haciendo gala de sus dotes culinarios, comimos un opíparo asado argentino. Carne tras carne, corte tras corte, todo auxiliado por pinot noir, shiraz y zinfandel californianos.
Estaba exquisito, pero hoy he amanecido como si me hubiera atropellado un tren de mercancías. Hay un informe por ahí que dice que el norteamericano promedio (sólo Argentina consume más carne per cápita que EE.UU.)al morir tiene en su colon 10 kgs de carne sin digerir.
Conclusión: hoy estaré ayunando con zumitos.
