Salvo algunas honrosas excepciones, lo mejor del viaje es la salida, la antelación y los dos primeros días, cuando tienes tanto por delante que conocer y descubrir. Después vienen, muy de cerca, los placeres inesperados: las sorpresas y los descubrimientos que pese a toda la planificación, parecían impensables.
Aunque he tenido una mañana bastante trajinada para recoger mi PC portátil, ya estoy en el aburrimiento del aeropuerto. No me gusta hacer este viaje solo, de hecho he implorado a varias personas que me acompañen, inclusive me he ofrecido a pagarles el billete. No es por desesperación sino por sentido común: en un país que apenas conoces, toda cautela es imprescindible. Una cosa es la aventura, otra invitar al infortunio.
Pero nada, ya pensando en cómo coño voy a cruzar la ciudad para llegar a la Autopista de Querétaro, si las rutas y los atajos múltiples que me han brindado serán suficientes para no perderme. Si lograré dominar el temible Circuito Interno, la M -30 de Ciudad de México. Si saldré a una hora decente del D.F. ya rumbo a mi destino. Muchas incógnitas que son parte del trayecto, de la emoción. Este es el primer viaje a solas en el que me llevo una PC portátil, espero que salga bien.
En San Luis Potosí el domingo, tengo en la mira reclutar a Miguel, un potosino, para que me acompañe en el resto de mi trayecto. Ojalá lo logre. Y espero bloguear con fotos y todo durante el viaje. El domingo 17 llegaré por la tarde al D.F., y me quedaré trabajando un par de días más en la oficina. Que todo salga bien.
El Aeropuerto de Miami debería reflejar que es la principal vía de acceso aéreo internacional de Estados Unidos. Pero en su lugar, es una mezcla de mamut tercermundista con ansias capitalistas. Las instalaciones dejan bastante que desear, y reflejando una norma en todo EE.UU., las instalaciones de Internet e inalámbricas son irrisorias. En vista de la mala imagen que tiene el aeropuerto con los ciudadanos, la administración local decidió contratar a Angela Gittens, una administradora que había gestionado el Aeropuerto de Atlanta.
Inmediatamente se enzarzó con la política local, y con el enorme e invisible tráfico de influencias que afecta a la zona de Miami. En lugar de repetir su brillante readministración en Hartsfield-Atlanta, Gittens ha sufrido una lucha política tras otra por un montón de cosas. Resultado: de repente todo lo malo del aeropuerto es su culpa, y ha tenido que dimitir. Pondrán a un amiguete que mantendrá el statu quo.
