Hoy he llegado por fin a casa y aunque protagonicé una escena cantinflesca en el Aereopuerto Internacional Benito Juárez, me ha encantado el viaje, lo he vivido al máximo y aunque me quedé sin gasolina (y sin pasaporte) al final, lo considero uno de los más interesantes que he tenido en mucho tiempo.
La última escena fue la siguiente: dentro de mi pasaporte estaba la tarjeta de visitante en México. Extraviarla te cuesta 42 dólares. Total, que facturo el equipaje y me piden ir casi al otro extremo del aeropuerto, a la oficina de Inmigración, a buscar un reemplazo.
Con Luis subo y bajo escaleras, y entre numerosas oficinas en un mar burocrático de los que describía Larra, está la oficina. Relleno la tarjeta, pero tengo que ir a un banco en el otro piso a pagar el gasto del extravío.
Bajamos, pago y subimos, y me dan la tarjeta. Hasta aquí lo curioso, pero el caso es que PIERDO LA NUEVA TARJETA y me doy cuenta cuando estamos de vuelta en el mostrador de Aeroméxico.
Otra vez, andando, al laberinto de oficinas, y la chica que nos había atendido anteriormente no se lo cree. Nos vuelve a expedir la tarjeta, y decide no cobrarlos los benditos 421 pesos de nuevo.
Cuando paso la revisión de armas, se me queda la tarjeta de embarque. ¿Será que en estos sitios me está dando Alzheimers?

Comentarios ( 2)
Y yo que pensaba que eso sólo me ocurría a mí....
Por Juvenal | 21 de Abril 2005 a las 12:03 PM
Aish xD Si es que tanta emocion junta luego pasa lo que pasa, que la memoria no cabe en la cabeza xD
Por Nobuko | 21 de Abril 2005 a las 03:14 PM