El camino cansa, no hay por qué negarlo. Por eso mis viajes suelen tener una vida máxima de 10 días, porque al final acabo hasta el gorro de la soledad, de hacer tantos kilómetros y de mis objetivos. Hoy al salir de Morelia no ha sido excepción. Aunque el alto valle del río Lerma, rodeado de los altísimos volcanes que comienzan a conformar los valles de Toluca y México, es impactante, salí tempranísimo de Morelia, a las siete de la mañana. A las 9:45 paré en Toluca para hacer un par de entrevistas en un Wal-Mart (cuestiones de trabajo) y desayunar mis acostumbrados chilaquiles de pollo.
Toluca está en un valle que forma la u izquierda de una u doble (Ciudad de México está en la u derecha), y es una ciudad enorme, de casi un millón de habitantes. Ya casi estoy entrando en la salida hacia Taxco en su carretera de circunvalación, cuando un desvío por obras nos lanza en plena urbe. No hay ni un solo cartel que diga desvío, o Taxco, ni narices. Hay que seguir por intuición y ver qué pasa. Suerte que traigo un mapa general de la ciudad, y tras media hora logro encaminarme hacia Ixtapan de la Sal y Taxco, pero de no tenerlo, estaría dando vueltas todavía por Toluca.
La carretera entre Ixtapan de la Sal y Taxco es difícilísima, llena de curvas, desniveles y barrancos sin barreras. No es óptima de por sí, pero con ya casi cinco horas de carretera y bastante cansancio, menos. Logro llegar a Taxco, donde mi hotel da a la iglesia principal que es una belleza.
Guanajuato fue una graduación secundaria de calles empinadas, Zacatecas toda una licenciatura, la Isla Janitzio un master, y Taxco, emplazada sádicamente en un cerro, todo un posgrado de dejarse las pantorrillas.
Menos mal que está nublado y no hace mucho calor.
Actualización 20:52. Las nubes produjeron un chubasco de aupa, dejando a gran parte de Taxco sin luz durante más de una hora.
