Pues la salida del Distrito federal no fue nada problemática. Circuito interno hasta la Calzada Vallejo, y de allí hasta los 43 kilómetros hasta la caseta de pago de Tepozotlán transcurren sin problemas (salvo la conducción salvaje a la cual me tiene acostumbrado Ciudad de México). Las autopistas de Peaje o Cuota de México están entre las más caras del mundo (300 kms=20 dólares). Es bastante inexplicable debido a su condición, pues el asfaltado deja mucho que desear, pero el caso es que permite ir a toda pastilla.
Tres horas más tarde, estoy en Silao, que forma un vértice entre León y Guanajuato. Cometo dos errores. El primero es quedarme en una habitación de hotel justo al borde de la autopista. Fue casi como dormir al lado del circuito de Indianápolis. El otro fue que se me quedaron las llaves dentro del coche. Eso si que fue un horror, pero un cerrajero local se las ingenió para abrir la puerta después de maquinarla durante casi media hora.
Aunque tengo tapones que detienen hasta 28 decibelios de ruido, nada me salva de los gigantescos y estruondosos «trocas» y «trailers» que pasan por Silao rumbo a México o a León. Apenas pego ojo.
