En los últimos tres años, mis vacaciones han sido intensas. Desde enero de 2002, me he dedicado principalmente a viajes exploratorios, nada menos que siete. Aunque me quedan cachitos de Estados Unidos sin conocer, decidí empezar con México.
Hice un plan faraónico para ver muchas ciudades en poco tiempo, siguiendo el patrón que he tenido en otras salidas: corre corre que te pillo. Guanajuato, Zacatetecas, Aguascalientes, Guadalajara, Morelos, Puebla, Cuernavaca, Taxco, Veracruz, Xalapa, Tlaxcala, etc.
Pero han pasado dos cosas. La primera una epifanía de que estoy alejado de mi familia en España. No estoy por explicar los detalles aquí, pero el caso es que hay que acortar distancias.
La segunda es que México no es puede ver deprisa y corriendo. Las joyas que tienen son para saborearse. Por lo cual, ya tengo billetes para dos viajes.
El primero será México en abril, y el segundo Madrid la segunda quincena de mayo.
Mi viaje mexicano será menos ambicioso, y pienso pernoctar dos noches en cada ciudad importante. En Madrid no pienso salir mucho de la zona, salvo un viaje a Albarracín, que no conozco bien y otro posible a Levante.
Quizá parezca ridículo pensar que espero que no me duela el brazo para ese entonces, aunque por otro lado hace cinco semanas una extensión del dolor por tanto tiempo hubiera resultado irrisible.
