El señor que me limpia la casa se ha fijado en que tengo varios libros de teología y hermenéutica, y me ha comentado que tiene un master en teología. Hasta ahora, me han limpiado la casa un diseñador gráfico, una profesora universitaria, y ahora él. En cualquier momento lo intenta Clinton.
Me pregunta sobre uno, El evangelio Q. Le explico brevemente que se basa en las teorías de varios teólogos alemanes en las cuales los evangelios de San Mateo y San Lucas emanaron de este texto.
El problema de esta teoría es que Q (o quelle, fuente u origen en alemán) es una colección de dichos que no atribuyen ningún tipo de milagro o divinidad a Jesús. Más bien son una versión galilea de la tradición cínica griega, con ribetes religiosos. Eso sí, según estos teólogos, todas las admoniciones de «ama a tu enemigo», «pon la otra mejilla», y el actual Padrenuestro.
Me comenta que eso es imposible, que la Biblia es la palabra inerrante de Dios y que no hay ni rastro histórico de un Q imprimido. Le digo que lo último es cierto, pero que...para qué vamos a pelear. Si fuera así, ambos iríamos derechos al infierno, porque este señor es gay y además engaña al trabajar con su baja laboral.
Le recomiendo un par de lecturas (sobre todo los interesantes Good Book, de Peter Gomes, e If Grace is True, de Gulley y Mulholland). Me comenta que lo verá, con ese gesto que tenemos los seres humanos cuando aceptamos verbalmente una propuesta únicamente para quedar bien.
Estoy seguro que rezará por mí.
