En un país serio que se precie, si su líder invade un país de manera «preventiva» para evitar que «venga una nube nuclear», tendría que demostrar sus razones.
Si su máximo representante diplomático se presenta en la principal sede internacional y hace estas declaraciones sobre armas de destrucción masiva, tiene que estar muy seguro:
Cada declaración que hago está respaldada por fuentes sólidas. Estas no son acusaciones. Lo que estamos proporcionándoles son hechos y conclusiones basados en inteligencia sólida. - Colin Powell, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 5-II-2003.
En ese país serio, se exigirían responsabilidades a lo largo del espectro político y de los medios de comunicación si no aparecieran dichas armas de destrucción masiva.
Pero no, sale el informe y apenas tiene resonancia. No importa que hayan muerto 100 mil civiles iraquíes por una razón que no es válida. No importa que Irak, que era un faro (opresivo y sangriento, eso sí) de una sociedad árabe laica esté a punto de convertirse en una gigantesca academia de terroristas islámicos.
Tampoco importa que la ocupación haya sido un rosario de ineptitudes y de errores que tendrían que haberle costado el puesto, como menos, al responsable militar.
Repito, siempre consideré que la invasión, efectuada por intereses económicos y dentro del panorama obsesivo de George W. Bush, personales; sería maquiavélicamente eficaz.
Pero no, y no importa. Es una crónica de una muerte anunciada, se justifican los medios de comunicación. Y el pobre tonto de Bush se dejó llevar por informes de inteligencia fallidos. ¡Qué le vamos a hacer!
Desde el robo de las elecciones de 2000, cuando el público empezó a sentir hastío en lugar de indignación, pensé que este país no era serio. El tristísimo episodio de Irak sencillamente lo confirma.
Lo más irónico del caso es que la página de la Casa Blanca que contiene la transcripción del discurso de Colin Powell ante la ONU es parte de una serie que se llama: Irak, negación y decepción.

