En estos últimos días me he planteado escribir algo, pero entre la horrenda tragedia del maremoto en Asia, una crisis familiar, un aniversario fúnebre y mis recientes lecturas de los diarios de Manuel Azaña, se me han quitado las ganas. Lo vuelvo a intentar, prometiendo ser más fiel.
Volverme a leer las memorias de Azaña me demuestra lo que es un buen diario con un ojo puesto en la posteridad. El fundador de Izquierda Republicana tenía el llamado de captar a las masas y a la vez esconder su enorme antipatía personal, y se ve en sus diarios: ponía verde a todo el mundo, haciendo valer esa célebre frase (suya) de «sólo Azaña tiene razón».
En fin, que leerlo me avergüenza. Siendo presidente del gobierno, se tomaba más libertades que yo.
