Mario y otras personas por distintas vías me piden una explicación de la victoria de Bush. Sin quererla reducir a un solo motivo, ni simplificándola, creo que hay tres razones fundamentales. Hay que aclarar, sin embargo, que la elección fue bastante más reñida de lo que parece.
Si Kerry hubiera convencido a 70.000 votantes de Bush (en Ohio, o en Iowa, Nuevo México, Nevada y Colorado) su margen de victoria hubiera sido contundente y hoy estaríamos hablando de su genial campaña y de cómo Estados Unidos buscó el cambio. Cierto, parece un consuelo ingenuo, pero no lo es desde el contexto estadístico: estamos hablando de un cambio del 0,06 por ciento del total de los votos emitidos.
La variada respuesta yace fundamentalmente en dicho tríptico, en orden de importancia inverso.
4. Kerry. Un candidato antipático y con un historial extenso. Sus votos sobre Irak fueron carne para la barbacoa que le tendió Bush. Su imagen de francófilo no le ayudó nada, y menos su independiente mujer y falta de fotogeneidad. Quería ser presidente desde que conoció a John Kennedy en Hyannasport en 1963. El problema es que era demasiado obvio. Además, casi nadie sobrevive la intensa campaña de publicidad negativa que sufrió durante meses. El aparato publicitario republicano gastó casi 300 millones de dólares en ponerle verde. Es toda una proeza que se haya acercado tanto a la victoria.
3. Las fallas estructurales de un sistema. Debido a que Estados Unidos tiene un arcaico procedimiento electoral que premia mucho al ganador y castiga de sobremanera al derrotado, sólo sobreviven dos partidos políticos. Este sistema binario funcionó a favor de Bush, pues los votantes asqueados por Kerry (a raíz en parte de la negatividad republicana) sólo podían irse a los brazos del presidente. No había ningún otro candidato «serio» para este solemne electorado, y los asqueados por ambos se quedaron en casa.
2. El miedo (I). Muchos votantes verdaderamente creen que Bush, debido a las «proezas» atribuidas al 11 de septiembre, es el único capaz de defenderles. Con sus errores, el presidente es un líder decisivo, opinan, y hace falta un rumbo fijo contra el enemigo. Como dijeron hasta la saciedad los republicanos en su campaña: «es mejor pelearnos con ellos en Bagdad que en las calles de _______ (escribe el nombre de tu ciudad aquí)».
1. El miedo (y II). Bush verdaderamente movilizó a su base evangélica y no tanto (obtuvo la mayoría del voto católico), que salieron en contra del matrimonio del mismo sexo y del aborto. Sus alicientes para votar fueron variados, pero me parece que el miedo puede ser su principal descripción: Bush representa la moralidad, y Kerry, no. Y esto venció a cualquier argumento económico. Irónicamente, es una especie de repudio imprevisto contra el capitalismo, que aunque parezca mentira, benefició a la derecha: decencia (la nuestra) contra dinero (nuestra empobrecida situación). Parece una tesitura socialista, pero macabramente no lo es. No importa lo mal que les haya ido económicamente con Bush, creen que moralmente es superior a Kerry. Tiene ciertos ribetes admirables.
Algunos en la web se dedican a descarrilar el primer punto, aduciendo que en dos estados en contienda donde había un referéndum sobre el matrimonio (Michigan y Oregon), Kerry ganó igual. Correcto, pero explican sólo una parte de la panorámica. Kerry tendría que haber ganado ambos con holgura, pues tienen marcadas tendencias izquierdistas (sindicales en Michigan y medioambientistas en Oregon). Pero apenas superó a Bush en un 3,5% de promedio.
Queda pendiente la tesitura de fraude.
Hay una escuela resentida dedicada a ello, y con esto no quiero desacreditarla, pero sí me parece postrimera. Aparte del incansable Greg Palast, que abrió la apestosa olla del turbulento voto floridano en 2000 y ahora proclama la victoria de Kerry, la postura más seductora es la de Mary en The Left Coaster. En un croquis algo complicado de entender para el profano, compara las encuestas a pie de urna con los resultados finales en varios estados. En los estados que tienen papeletas de voto, las encuestas fueron fiel reflejo del resultado. En los estados donde había voto mediante equipos electrónicos, el voto para Bush fue bastante más que el indicado por los sondeos.
Para creer esto, hay que desconfiar bastante de Bush, y aunque yo mojo el pie en esa suspicaz laguna, hacen falta pruebas bastante contundentes. Y por el momento solo existen conjeturas que a primera vista resultan lógicas, pero nada más. Una cosa es que parezca posible y otra muy distinta es que haya ocurrido.
Si se sigue cuidadosamente el hilo de Palast, tarde o temprano se llega una conclusión sin base alguna. No deja de ser provocadora, interesante y lógica, aunque no por ello resulta cierta. Además, un reportero que se las da de pureza investigativa no puede nublar el espacio de la investigación y la opinión. Y esa es la peor y más sospechosa falta.
Pero reitero lo dicho: es toda una proeza que Kerry haya recibido tantos votos, entre una avalancha de desinformación y vituperación, y un cambio fundamental en el electorado (un aumento del 5 por ciento entre los votantes que se consideraban conservadores).
Emilio, pensarás, muy bien, ¿pero qué me dices del Congreso? ¿No fue un respaldo total a Bush? Pues sí y no. Cuatro escaños al Senado (Dakota del Sur, Kentucky, Alaska y Luisiana), adquiridos por los republicanos, hubieran cambiado de manos con 29.000 votos EN TOTAL (o con 58.000 votantes más al candidato demócrata). Eso es una variación promedio del 0,66 por ciento del voto en esos estados. En Florida, una variación del 0,63 por ciento nos hubiera dado a una senadora demócrata.
O sea, con unos votitos aquí, otros allá y mucha suerte republicana, tendríamos a mi querido Kerry en la Casa Blanca, con un Senado dividido en partes iguales.
Ha sido una elección de milésimas...entiendo que muchas lo son, pero precisamente por eso cualquier lectura de que Bush se la llevó de calle me parece demasiada simple. No me gusta echar mano del manido símil del maratón, pero mientras uno fue apedreado implacablemente, el otro se aprovechó de todas las herramientas a disposición de su cargo. Y llegó a la meta por cuestión de (viva el tópico)...milésimas.
Espero que esto sea lo último que escriba sobre las benditas y malditas elecciones. Remito al lector a dos páginas clave: las encuestas a pie de urna de CNN, y al programa de radio This American Life, que siguió de cerca a varios votantes indecisos, y la retorcida lógica que les impulsó a votar por Bush aun cuando estaban de acuerdo con la agenda de Kerry.
