Hace más de cuatro años, estaba hablando con mi ex editor Roger Toll sobre la caída de Juan Luis Guerra, y lo mediocre (para él) que era el disco Ni es lo mismo ni es igual. Me preguntaba Roger que a qué se debía, y le expliqué que Juan Luis había encontrado a Jesús. «Eso acaba con la carrera de cualquiera». En este caso, no.
Ya he contado por aquí cómo me sedujo la música de Juan Luis Guerra en una cálida noche dominicana. Mi último acto como consumidor en Santo Domingo en 1988 fue comprar sus tres cintas en la Calle del Conde. Dieciséis años más tarde, no me soprende mucho su nuevo disco, Para ti.
Dentro del esquema histórico de constantes encarnaciones, encaja perfectamente: Está el Juan Luis Guerra jazzista de Manhattan Transfer (Soplando, 1984), el merenguero converso (Mudanza y acarreo, 1986), el romántico (Mientras más lo pienso...tú, 1988), bailador (Ojalá que llueva café, 1989), bachatero plus (Bachata rosa, 1990), nacionalista (Areíto, 1992), folclórico (Fogaraté!, 1994), sancochero recalentado (Ni es lo mismo ni es igual, 1999), y finalmente, evangélico.
Dentro de su currículum, esta encarnación (¿final?) cuadra. Si alguien puede hacer escuchable un disco de música evangélica, es Juan Luis Guerra. El único problema creativo es que ya no hay mangos bajitos, ni Woman del Callao, ni Santiago en Coche ni café que llueva, sino alabanzas personales. El CD funciona cuando el esfuerzo es movido y colectivo (Las avispas, Los dinteles y Soldados, sobre todo). Cuando es una salmodia personal hacia el Todopoderoso, pues sólo Dios parece entenderlo, pero tiene algunos guiños musicales a Los Beatles y tonos rayanos a plagios de Eric Clapton. Mi padre me ama parece una copia irónica y cruelmente macabra de Tears in Heaven de Clapton.
Los discos de 4.40 a veces tienen títulos subliminales y freudianos. Mudanza y acarreo suponía un traslado de género de la Calle gris a la comercial y merenguera Calle del Conde. No es lo mismo ni es igual era una defensa subconsciente a algo que el disco dejaba claro, que sí era lo mismo y casi igual. Para ti denota una particularidad personalisima que a veces resulta imposible de descifrar. Es un regalo que sólo el destinatario puede entender del todo.
La dinámica conceptual se enfrenta a un muro comercial impasible: ¿venderá esto? Aunque a veces es francamente soporífero y derivativo, el disco tiene su gracia, y dado que está en una gigantesca ola evangelizadora, la respuesta puede ser que sí. Esa por lo menos es la apuesta de los ejecutivos de Universal, que me supongo que lanzaron el disco con suma desconfianza y maldiciendo la hora en que a Juan Luis se le dio plena libertad creativa.
De cualquier manera, cualquier lluvia es buena en un desierto discográfico de un lustro, aunque este álbum va a mi cola de los menos favoritos.
No puedo callar, sin embargo, que teológicamente hablando Las avispas me resulta la canción más sádica que he escuchado en años. Sabiduría 12:8 y Josué 24:12 hablan de ellas, y como bien dijo San Pablo en su epístola a los capitalinos (Romanos 12:19), la venganza (en este caso entimológica) es del Señor.
Cualquier parecido entre la abeja que llega cariñosa y zumbona al panal y las avispas divinas enviadas contra el enemigo para que «lo piquen en la cara pa'que no me mortifique» es pura casualidad. Ambos temas fueron bandera de sus respectivos álbumes, y demuestran que 14 años más tarde, Juan Luis quiere mucha más guerra.
