Tengo un amigo cuyo primogénito se llama Andrew, en honor al huracán del mismo nombre. Es horrible nombrar a un niño como el peor huracán de la historia de EE.UU., que destruyó la zona sur de Miami, causando 25 mil millones de dólares en daños en 1992.
Lo hizo porque gracias a las indemnizaciones y peritajes se pudo comprar su casa. Aunque siempre hubo mucha sospecha y jamás se denuncíó, es una especie de leyenda folclórica entre los reporteros de Miami: las familias que desenchufaban el frigorífico y que le contaban al ingenuo tasador que se había averiado.
El Sun-Sentinel saca una investigación sobre las reclamaciones y ayudas prestadas por el gobierno a raíz del huracán Frances, que rozó la zona en septiembre. Aunque no tuvimos vientos serios, el gobierno se ha gastado nada menos que 26 millones de dólares.
El periódico habló con vecinos que relataron el corrupto ingenio de los residentes menos éticos: algunos sacaban los muebles viejos al jardín y los rociaban con mangueras. Un indigente utilizó la dirección de una conocida para obtener 4.500 dólares.
El gobierno hasta abonó ocho siniestros causados por el «hielo o nieve». De un huracán en Miami.
La agencia federal que administra todo esto reaccionó de una manera típica de la administración Bush: eslóganes y generalidades. Tengo la sospecha que esta generosidad de Washington fue la que soslayó la victoria de nuestro querido presidente. Sé que me obsesiono; Napoleón me diría que no debo atribuir a la maldad lo que la incompentencia justifica. Pero no me extrañaría nada que Washington hubiera cursado la orden de hacer la vista gorda.

Comentarios ( 1)
No estás paranoico: es que es así de sospechoso.
Por Juvenal | 24 de Noviembre 2004 a las 06:23 AM