Hay toda una escuela de sincronía que atribuye las casualidades a algo más que una pura coincidencia.
Conozco varias asombrosas (como el chico que fue atropellado y muerto por el mismo taxi, conducido por el mismo taxista, con el mismo pasajero, en la misma esquina y en la misma motocicleta en la que su hermano había sido atropellado el año anterior) y algunas en nuestra familia.
Las dos más increíbles tienen que ver con mi madre; cuando planificaba nuestra venida secreta a Miami hace 25 años, hizo una consulta con una espiritista en Madrid, quien le pronosticaba un viaje muy largo. Tres meses más tarde, en el vuelo de ocho horas a esta ciudad, se encontró con dicha espiritista en el mismo avión.
Otra: Hace casi 50 años, mi madre veraneaba en Llevante con su prima del alma, Pepa. Ese verano ambas conocieron a dos hombres que sostendrían una devoción muy especial por ambas hasta la tumba. Uno era inglés, otro valenciano. El inglés se llamaba John Shephard, que en castellano significa Juan Pastor. El valenciano se llamaba...Juan Pastor.
Ya personalmente, me han pasado cosas más o menos graciosas. De niño cambiaba cromos de películas como La Guerra de las galaxias, Supermán y Galáctica en un descampado cerca de la madrileña calle de Torpedero Tucumán. Mi amigo Felipe hacía lo mismo, y quizá hasta cambiamos cromos que valían dos sobres por un duro. No le conocería hasta 10 años después en Santo Domingo; vivía a tres manzanas de mi casa en Madrid.
Posteriormente, ocurrió una casualidad cuando un tal Rafa me empezó a escribir y preguntar sobre Miami. Rafa no me conocía de nada, pero como se había enamorado de una chica de Miami, me pidió todo tipo de consejo. Luego, atando cabos, me di cuenta que conocí a Rafa en Madrid, y es amigo de José Luis Martínez, mi ex jefe en The Word Factory.
En la casilla de los más probables, el merenguero dominicano Sergio Vargas (que es uno de mis favoritos), desayunaba y comía muchas veces en el restaurante en la casa de mi padre en la Calle de las Mercedes. Una vez le entrevisté y me fascinó ver en su cara el gesto de «tú eres ESE hijo», al parecer buen conocedor de la curiosa relación paternal-filial.
Anoche, sin embargo, la casualidad le puso la tapa al pomo, dicho en buen cubano. Estaba hablando con el «joven novato», un periodista que por esas cosas de la vida mientras escribe para El Caribe o Univision.com, trabaja en un centro de llamadas en Santo Domingo. Llevamos hablando varios meses por mensajero, y nada, una conversación cibernética placentera antes de irme a la cama.
Resulta que habló con mi padre y su mujer ayer, porque marcaron a su centro de ayuda y aleatoriamente, le tocó a él. «Le escuché con sus zetas y todo»...Este mundo es un pañuelo.

Comentarios ( 1)
El año pasado, mi hermano y yo le compramos a mi abuela el mismo radiocd, y mi abuela y mi madre me regalaron exáctamente el mismo jersey.
Generalmente, cuando hay comida familiar, mi abuela siempre ha preparado exáctamente lo mismo que tenía mi madre en su casa.
En varias ocasiones, cuando nos llamamos entre nosotros, nos sale comunicando por que estamos haciéndolo a la vez.
Pero ya el colmo, hace tres semanas conocí a un chaval en El Salvador. El lunes me lo encontré de casualidad en Madrid (y eso que el es de Teruel).
En fin, la vida, que es asi.
Por maad | 10 de Noviembre 2004 a las 05:54 PM