Tuve un amigo de la infancia que en su vida adulta estaba en una constante búsqueda existencialista y filosófica, pasando por Sartre, el nihilismo, la teosofía y otras inquietudes más. Al final se decidió por el hedonismo egoista: puso los cuernos a su mujer constantemente y se hizo agente bursátil, ganando miles de dólares en la burbuja especulativa de los años 90.
Me acordé de él al ver I ♥ Huckabees, la comedia de David O. Selznick, cuyas dos películas anteriores (Flirting with disaster y Three King) me parecieron geniales.
La película es una especie de espejo sobre el existencialismo: si no te gusta, no lo entiendes o lo observas como una religión, Huckabees será bastante burlona y desperdigada.
Pero si conoces a personas que genuinamente están en una búsqueda por un mayor entendimiento de la vida, te encantará.
Una muestra de su calidad es que los personajes en duda, que sufren todo tipo de vilipendio, desprecios e insultos en sus vidas, al final acaban mejor personalmente porque siguen buscando, analizando constantemente y son fieles a sus inquietudes.
Quizá su mejor momento es cuando el trepa infiltrado de Brad Stand, que finge ser de todo para avanzar, tiene por fin su crisis existencialista en el momento menos propicio: cuando es nombrado vicepresidente de promociones ante la junta de directores.
Muchas críticas de cine han hecho eco de «no entendemos lo que les pasa a los actores, ojalá nos lo contaran...», pero ni los mismos personajes saben exactamente lo que les pasa: han entrado en una espiral de autoexaminación, y se asen como mejor pueden a la montaña rusa emocional que produce.
Si a esto se le añade un reparto de primera (Dustin Hoffman, Isabelle Huppert, Jude Law, Jason Schwartzman, Lily Tomlin, Mark Wahlberg y Naomi Watts), es la mejor película que he visto este año.
