Anoche le estaba comentando a un joven novato, que está empezando a vivir, que la mejor filosofía ante las durezas de la vida conjugadas con las dificultades de la adolescencia es decir: «algún día nos reiremos de todo esto».
Fue mi mantra durante esos tres años de locura comprimida entre 1989 y 1992, en retrospectiva conocidos como «The Felipe Years». Lo curioso del asunto es que poniéndome a pensar en los momentos vividos, no me dan ganas reírme ni a la primera ni a la segunda.
Me hace sonreír lo que en ese entonces consideraba problemas sin solución, los límites y mordazas que me ponía. Quizá eso invita a una meditación más profunda: en 12 años, cuando me fije en este momento de mi vida, ¿qué me hará sonreír?

Comentarios ( 1)
Curiosamente, me ocurre algo parecido no sólo con esos años, sino también con otros pasados: no les encuentro la menor gracia. Eran relatividades que hubieran necesitado más juego de cintura y menos rigidez, pero lo que fue pasando sigue sin ser gracioso. Incluso los buenos momentos se tiñen de melancolía... por qué no haberlos aprovechado más...
Por Juvenal | 23 de Octubre 2004 a las 03:55 AM