Anoche empezó la nueva temporada de Six Feet Under, y en los 10 últimos desgarradores minutos demostró por qué es sencillamente la mejor serie en televisión.
A partir de aquí, aviso, contiene spoilers.
El muy currado Nathan por fin va a recoger el cadaver de Lisa, su mujer, que ha sido encontrado en la playa varios días después del óbito. Nathan no puede entrar al tanatorio, y manda a su hermano a que recoja los restos.
Enseñan el cadáver, que es un horror, y el empleado empieza a relatar lo mal que está. Michael vuelve, pero el olor de productos químicos es demasiado para su hermano.
Total, que todo parece muy triste, pero entonces viene la familia de la difunta a exigir que sea incinerada y depositada en el panteón familiar. Tras una horrenda pelea, pues Lisa no quería eso, Nate cede.
Claro, cuando se va en coche va a incinerar a su mujer, es obvio lo que va a pasar: le da a su familia política otras cenizas, y él se va a un monte apartado a enterrar a Lisa como ella quería: sin ataúd en plena naturaleza.
Creía que me iba a morir cuando Nathan, empapado de sudor y agotado tras cavar la fosa, saca los restos de su mujer. El amor y el respeto a los deseos de Lisa apenas superan su horror y asco.
La escena, de lo más horripilante que he visto en televisión.
