A Michael Moore se le va la mano bastante. Eso le convierte en un documentalista interesante, porque cuando acierta, es demoledor. Sus documentales tienen un poco de todo, una especie de cajón de sastre con momentos poéticos y no tanto, con escenas desgarradoras y secuencias llenas de ego innecesario.
Llevo varios días viendo el trailer de Farenheit 911, su nuevo documental donde procurará atribuir los muchos males de Bush de forma concentrada. Veremos, aunque por el momento el avance promete.
Hoy lo vi en el cine, en pantalla gigante y con una audiencia, y se ve que estoy demasiado enrrollado con el ordenador, porque me pareció difuso. Nadie aplaudió, lo cual no quiere decir mucho. Se estrena en menos de dos semanas.
Por cierto, según un periódico sueco, Ray Bradbury está furioso con Moore por haber utilizado el título con la palabra Farenheit. Cosas de la vida. Cuando Bradbury escribió Fahrenheit 451, nadie recogió la reacción de Gabriel Fahrenheit porque llevaba casi dos siglos muerto.
