Con el 11-M he llorado mucho, no puedo decir lo que más me ha emocionado ni contar las veces que he irrumpido en llanto. Pero son bastantes, hoy lloré cuando conté lo del señor que salió a votar porque su hija, hospitalizada tras los atentados, le pidió que fuera.
Por eso pensé que el único acto oficial en Miami, patrocinado por la Cámara de Comercio española y con el visto bueno del Consulado de España, sería una ocasión para la unidad y para la reflexión.
Todo lo contrario. Me acompañó Geyperman, y aunque reconocí a varias personas, decidimos sentarnos en la última fila (en parte porque mi vecino iba con una mochila).
Lo que nos deparó la velada fue algo sencillamente almodovaresco, una farsa de misa, con un predicador cazurro y con cantantes y pianista que desafinaban. Sería muy fácil burlarme de ellos (y de hecho, lo hice), pero lo que más me chocó fue la enorme frialdad y la mala calidad de las palabras.
Entré con la esperanza de ser conmovido y sanado, y salí defraudado y algo consternado. Y no hubiera sido difícil emocionarme, hasta uno de los que habló había vivido el 11-M en Madrid, pero habló de forma hueca, con tópicos y rabioso.
Albergaba esa esperanza porque desde lejos no he podido ir a una manifestación masiva, o a votar, o a mandar un mensaje por SMS. Pero son muchas las veces que me he montado en el andén 1 de Atocha, haciendo transbordo desde Móstoles. Y además de la tragedia, está la familiaridad de conocer los andenes y los trenes.
Pero no, no ha podido ser en Miami. Quizá otra vez será.

Comentarios ( 1)
Y yo, que etaba allí, doy fe de ello.
Por Geyper | 16 de Marzo 2004 a las 10:07 AM