El martes pasado, mientras teníamos encima la alerta de las vacas locas (que dicho sea de paso, predigo que no va a tener mucho impacto en la industria cárnica), la administración de George W. Bush avisó que 121.000 hectáreas del Bosque Nacional de Tongass, en Alaska, se designaran como disponibles para ser taladas.
A diferencia que otras medidas, que fingen que son para mantener a raya los incendios y permiten la tala indiscriminada, esta se ha diseñado expresamente como un regalo navideño para una industria de la madera que donó millones a la campaña de Bush en 2000.
Hablando de esto el sábado con unos amigos, me percato que nos hemos convertido en lo que se llama "Bush-haters", o sea un nutrido pero minoritario grupo de personas que odiamos visceralmente al presidente.
Como una especie de novio maltratado, nos preguntamos cómo es posible que un presidente que haya recibido medio millón de votos menos que su contrincante gobierne con tanta desfachatez y expolio.
Razones hay muchas para que no te guste Bush, pero me doy cuenta que me nubla el juicio. Desde el insufrible Felipe González, no ha habido alguien que me caiga tan mal, con su acento sureño y sus amigotes corruptos.
Y al nublarme el juicio, no me permite ser objetivo. Eso, de todo, es lo peor.

Comentarios ( 1)
Es que se lo gana a pulso, el pobre animalito.
Por Juvenal | 30 de Diciembre 2003 a las 07:56 AM