Mariam estaba distraída y muy deprimida. Su marido se acababa de morir de cáncer, su hijo mayor también había fallecido de una enfermedad. Y estaba encinta de varios meses.
Decidió un día echarse debajo de un autobús en su pueblo, pero el conductor se dio cuenta a tiempo. Poco después, sus vecinos, unos judíos, la oyeron gritar. Acudieron a su casa para ver la macabra escena de una madre intentando abortar a su hijo en el cerco de una puerta, a portazo limpio.
Consternados, convencieron a la histérica mujer de que lo que iba a cometer una abominación, y lograron que diera a luz. Aunque inmediatamente entregó su
recién nacido a su propio hermano. A los tres años, la viuda volvió a casarse, y el pequeño regresó con su madre. Entonces el padrastro comenzó una serie de palizas y torturas mentales contra el niño.
Sesenta y pico años más tarde, el chico en cuestión fue capturado en un zulo cerca de Tikrit. Desarmado y desharrapado, quiso negociar. La familia judía que tuvo un papel tan vital fue obligada a emigrar a Israel debido a su política arabista. En su país, dicha familia vivió en anonimato, no querían ser marcados como los judíos que salvaron a Saddam Hussein.
Es una historia terrible de una persona verdaderamente mala. Y sí, de cada 100 personas a las que les pasa eso, gran parte no van por la vida matando ni siendo dictadores.

Comentarios ( 1)
Lo que demuestra que hasta Saddam merece un juicio justo, y que hacer sufrir a la gente no los vuelve mejores personas. Al contrario, si alguien te bombardea tu casa, te deja sin agua potable y te encañona con un AK-47 en "un registro de rutina", no te vas a sentir "liberado".
Por Juvenal | 23 de Diciembre 2003 a las 08:00 AM