Los titulares lo dicen todo:
-Escasez de lingüistas de árabe daña operaciones de EE.UU. en Oriente Medio.
-Escasez de arabehablantes amenaza la seguridad nacional.
Y luego está la desgarradora historia de Cathleen Glover en el Washington Post. Glover era una portera en su equipo de fútbol del instituto. Se graduó de política en 1999 y se pasó un verano en Irlanda estudiando resolución de conflictos. Era una profesora eventual en Ohio, cuando llegó a su puerta un reclutador del Ejército.
Le convenció que acudiera a la Escuela Superior de Idiomas del Ejército; la oferta le hizo tilín a Glover, que quería ser diplomática. Una pega: Glover es lesbiana, y el ejército tiene una curiosa regla de no identificar la preferencia sexual. Si no la cuentas, ellos no preguntan. Pero si la cuentas, ay de ti. Pero como Glover era una persona muy privada, creyó que no iba a tener problemas.
Total, llegó a la Escuela Superior, en la preciosa ciudad de Monterrey, California. Estudió árabe durante 63 semanas en el centro militar, sacando buenas notas. Su pareja, con la que llevaba cuatro años, se mudó a un apartamento cercano, donde se veían a escondidas. Como en realidad vivía en un cuartel militar, tenía que firmar un documento cada vez que salía, y explicar las razones de su salida. La pareja se cansó de la tensión, y se separaron.
Glover se graduó del programa de estudios árabes en 2002. Pero debido a su frustración, se empezó a deprimir. Le soltó prenda a un sicólogo militar, y el sicólogo se lo cascó a su comandante. Poco después, firmó una confesión. Fue dada de baja del ejército, cuyos documentos se consta una "Confesión Homosexual". Ahora se dedica a limpiar piscinas en la zona de Washington.
Aunque tenía una certificación de seguridad con el ejército, que podía aplicarse a otras carreras de funcionaria, la perdió al irse antes de tiempo. Una solicitud de empleo como funcionaria del Departamento de Estado tardaría años en tramitarse.
En total han sido dados de baja del ejército 37 lingüistas árabes. Por eso a veces me dan ganas de que pierdan en Irak. El artículo, mal redactado, del Washington Post está aquí.

Comentarios ( 1)
Conocí a un vejete, falangista hasta el alma, ultraderechista y católico ultramontano, que jamás comprendió este tipo de medidas. Pero, claro, él fue suboficial en la Guerra Civil y el soldado con más arrojo y valor, en los límites de la temeridad, y auténtica locomotora de su unidad, era, no ya homosexual, sino abiertamente declarado en esos oscuros años.
Ciertamente, un barracón militar no está para soltarse el pelo con nadie, ni incluso la propia pareja, pero si te ves fuera de horas de servicio con quien te dé la gana, encima fuera, ¿quién discute el derecho a los heterosexuales? Ciertamente, durante mi servicio militar se le cayó el pelo a un soldado por montárselo con su novia aprovechando que estaba de servicio nocturno en el hospital militar. Si yo soy suboficial en España incluso tengo acceso a un domicilio para vivir con mi esposa (otra cosa es la birria de sueldo de las clases de tropa profesionales, que no da para nada). Claro, que no sé qué pasa en un cuartel español con las parejas de hecho, en el terreno de los hechos (los dichos sí son muy democráticos e igualitarios). Es sólo homofobia, o más bien diría, miedo a mirar dentro del armario, digoooo el barracón.
Por Juvenal | 6 de Diciembre 2003 a las 04:19 AM