Hoy al mediodía me consideré víctima de la globalización, pues ttrabajo con el ex ejecutivo de la casa discográfica de Juan Luis Guerra. Se acordaba de que hace ocho años escribí una esquizofrénica crítica a ¡Fogaraté!, el disco de Juan Luis Guerra, y tuve que reconocerle que en ese entonces me equivoqué. Estos son los peligros de ser un crítico que utiliza su propio nombre y no es anónimo (al parecer ambas cosas son distintas).
Pero durante mi ajetreada carrera de crítico (se ruega al lector que reprima sus carcajadas, por lo menos en los comentarios) de zarzuela en Miami, me han pasado tres cosas curiosas al enfrentarme (involuntariamente) con el objeto de mi crítica.
El tenor cajero
Hablé de A. P., un tenor cubano, con la taquigrafía de los educados: «nos tenía acostumbrados a un fraseo y tono mejor». Obviamente quise decir que ya se le estaba acabando la voz, pero fui diplomático. Conocía a P. de un par de recepciones y no quise herirlo.
Total, años más tarde estaba en la cola del banco, ingresando mi cheque. Vi que estaban entrenando a un cajero. Cuando llegué a caja, me di cuenta con espanto que el cajero no era otro que A.P.
Creo que mi cara le resultó familiar, pero nada más ver mi nombre en el resguardo de ingreso, se le nubló el rostro de alegría que tenía. Se me quedó mirando, hizo las gestiones y me dio un recibo. Con una cara de cabreo, no dijo ni palabra. Tuve que llamar al sistema automatizado del banco para asegurme de que se había realizado el ingreso.
El hermano del director
En una función de zarzuelas que puso una peña cultural, interpretaron fatal la jota de La Dolores. A mí se me fue la mano en un arranque de ingenio y puse que «más que una jota, era una hache aspirada». El hermano del director, AM, resulta que era gerente de un taller mecánico. A la semana de la critica fui a que me cambiaran los neumáticos y les pedí que me acercaran hasta el periódico. El tipo ató cabos y me pregunto que si yo era el autor de dicha reseña. Dije que sí. Se identificó como el hermano de AM, y me dijo que me fuera con la música (y los neumaticos) a otro taller.
Los novios baturros
Una organización lírica juvenil interpretó La dolorosa. Lo hicieron muy bien, salvo un chico S. del R. que aparte de ser el promotor, tenía el papel del tonto del pueblo. Vital, para una zarzuela tan heavy como La dolorosa. Total, que el acento le salía del todo mal,
no sólo no era aragonés, sino que pronunciaba mal. Como lo demás fue por lo general muy bien, resalté el desastre de S. del R., un chico regordete.
Dos o tres años más tarde, mi amigo Pedro me presentó a alguien muy especial. «Me cae muy bien», añadió. Se llama S. El nombre no me sonó, y claro, cuando le vi, me sonaba su cara, aunque estaba mucho más delgado. Empecé a preguntar y a atar cabos.
Me corté bastante cuando nos dimos cuenta mutuamente de nuestras identidades. Se lo tuvimos que explicar a las otras seis personas que estaban delante, incluyendo al mosqueado Pedro. Hice una descripción perfuntoria, y S. añadió: «no fue una crítica nada
buena». Un silencio sepulcral descendió sobre el salón.
«Bueno, érais una compañía muy buena», me atreví a decir. «Sí, pero yo no fui nada bueno». Después contó que fue su primera y última incursión en los escenarios.
La soprano no era muy educada
Conocí a E.G. en una recepción para una nueva compañía de zarzuela. Estuve al lado de ella, y cantó ópera espontánea con un par de tenores. Era la imagen corpulenta de finura y elegancia, una Montserrat Caballé en ciernes que llegaría muy lejos. Hice un par
de entrevistas, y acudí a la función.
E.G. tenía buena voz salvo la vocalización. Una señora que estaba al lado mío durante el recital de zarzuelas preguntó en voz baja: «¿pero ella está cantando en español?». Se me ocurrió poner eso en la reseña.
El día que salió publicada la crítica, sonó mi teléfono en la redacción.
-El Herald.
-Con Emilio Guerra.
-Al habla.
-Ah, sí? Aquí EG, ¡Comemierda! ¡Maricón! ¡Comepinga! ¡Hijoputa! ¡Cabrón! ¡Me cago en el coño de su madre! click
Confieso que en mi ingenuidad, pensé que no era E.G., que tan fina y selecta me pareció. Mi impulso inocente fue llamarla, y explicarle que alguien se hacía pasar por ella. Ahora me parece sumamente iluso de mi parte...
-Aló
-Sí, E.G.
-Emilio Guerra de El Nuevo...
- ¡Comemierda! ¡Maricón! ¡Comepinga! ¡Hijoputa! ¡Cabrón! ¡Me cago en el coño de su madre!
(al poco me llamó el bajo cubano José Le Matt y me comentó: «¡ya le dije yo a la gorda esa que no le entendía nadie!»)

Comentarios ( 3)
Como siempre, me sacas una buena risa... y mira que eso de ser crítico no es nada aconsejable, te puede ir muy mal, pero bueno... Ah, creo que ser Español te califica mas o menos para criticar zarzuela ante mis ojo, así que no me reíre por eso. Uy, si es que zarzuela es lo que creo que es, ¿será? ... damn it!
Por seyd | 15 de Noviembre 2003 a las 06:38 AM
Ay, Emilio, y que vas a hacer ahora que el criticado por "el chico e la funeraria" eres tu... este borjamari no deja titere con cabeza.
Por geyperman | 17 de Noviembre 2003 a las 08:35 AM
JUA JUA JUA JUA JUA Joder, y yo pensaba que era especialista en meter la pata.... JUA JUA JUA JUA...
Tio, de verdad, buscate un pseudónimo para escribir críticas o cualquier día te rompen la cara... JUA JUA JUA JUAJUA JUAJUA JUA JUA
Por 28cerocero | 17 de Noviembre 2003 a las 01:22 PM