Este fin de semana fue la feria del libro, y aproveché para ver a varios autores y recorrerme las casetas. El paseo entre el calor (el sábado y domingo estábamos a unos humedecísmos 30 grados) y el limitado gentío (en Miami, a fin de cuentas, no hay cultura, como nos quejamos continuamente en este tipo de actos culturales) me hizo llegar a una conclusión: cualquiera escribe un libro.
Un señor tenía un mostrador para él solito, con los 10 libros que había escrito. «Soy el autor», decía, con ese caché que da la frase. No me leí los libros, y quizá hasta son excelentes. Pero no me los leería ni a tiros.
Uno de los secretos de ser publicado es combinar la buena suerte con la paciencia, disciplina y talento. Lo último va de último porque las editoras están en el negocio de vender libros, no joyitas lezamianas que sólo interesarán a los profesionales.
Y el mundo del libro se ha vuelto ya como la televisión en cuanto a popularidad. Josh en este momento está viendo Charmed (que inexplicablemente prima sobre él más que Los Simpson; más inexplicable aun, me quedo sin ver los Simpson y le permito que grabe Charmed, que sale a la misma hora).
Sobre los gustos no hay nada escrito (mentira, y gorda), pero lo voy a escribir igual: me asombra que un tío de 32 años como él vea Charmed. Si no se da cuenta de lo anodino que es, como actor se debería percatar de la pésima interpretación.
Cosas de la vida.
