Dicen que la diferencia entre los calificativos excéntrico y loco es los millones que se tenga en una cuenta bancaria.
Quizá la diferencia en el celuloide entre lo «original» y lo «inexplicable» sea una Palma de Oro de Cannes.
Siempre me ha gustado Gus Van Sant, desde sus opus más raros (como Drug Store Cowboy y Mala noche) pasando por los más comestibles, comercialmente hablando, de Good Will Hunting y Finding Forrester.
Elephant es un relato frío y lejano de una matanza en una escuela secundaria, que tiene cierto aire de documental sonambulesco si no fuera por la caprichosa falta de linearidad del director/autor.
Gran parte de las tomas son paseos por los pasillos del agobiante instituto, siguiendo las nimiedades de los chicos en sus quehaceres. Que si critico a este, que si beso al otro, que si como, que si mato a aquel...
La película, sin embargo, se pasa con su distancia emocional. Al no explicar ni dibujar nada coherentemente, todo es una especie de sueño. O más bien pesadilla de una rara mezcla entre Memento, Natural Born Killers y cualquier documental de Bela Tarr.
En cierto nivel, en el cual acepto una explicación coherente, funciona si se dice que todo esto no tiene razón o lógica. Que no lo explica porque es inexplicable. Sólo en eso lo puedo respetar, pues es una lástima que Van Sant, el gran defensor de los débiles y los marginados, decida quedarse callado.
Pese a sus fallas, que no son pocas, es una película interesante de ver. Te puede aburrir a veces debido a sus aburridas tomas, pero se aprovecha de tu conciencia, y te sientes mal porque pueden estar a punto de morir.

Comentarios ( 1)
Este fin de semana me la veo, ya verás...
Por seyd | 27 de Noviembre 2003 a las 02:16 PM