A veces creo que las personas como el Reverendo Fred Phelps son una invención de las organizaciones gays para conseguir simpatía tras ser acosados por alguien tan execrable. Pero de ser falsos, lo hacen muy bien. Phelps y su Iglesia Bautista de Westboro decidieron manifestarse hoy frente a los nuevos estudiantes del colegio gay Harvey Milk, el primero de Estados Unidos que es sufragado por los contribuyentes.
Bien, Phelps tiene derecho a manifestarse, sobre todo en este asunto (yo, personalmente estoy a favor de este colegio; lo explico abajo). Pero cualquier simpatía que Phelps pueda granjearse la echa por la borda con estas pancartas: «Gracias a Dios por el 11 de septiembre», «Cuerpo de Bomberos de Nueva York: Maricones». Phelps se especializa en piquetear los funerales de enfermos de sida, con el cristianísimo mensaje de «El sida cura la homosexualidad».
Y el 11 de septiembre fue un mensaje de Dios. El mensaje no era que Estados Unidos tenía que compartir su prosperidad, que EE.UU. tiene que ser mejor vecino, que EE.UU. debe ayudar más a los pobres ni que EE.UU. sea una sociedad absolutamente materialista. No, el mensaje del Todopoderoso, según Phelps, es que Dios nos castigó el 11 de septiembre por permitir el esparcimiento de la homosexualidad.
Ahora bien, este colegio es necesario por esta razón (muy mal explicada por los medios de comunicación): las personas que acaban ahí son casos límites, que han sido atacados por sus compañeros de clase, o se han burlado de ellos tan cruelmente que están a punto de irse del colegio. Sí, se puede decir «que peleen, que se integren».
Pero cuando te dan una paliza o te gritan maricón todos los días a los 15 ó 16 años, es muy fácil perder ese espíritu de lucha. La alternativa de los chicos que van al instituto Harvey Milk es dejar de ir al colegio. Por lo menos tienen un centro donde recuperarán la estabilidad en un lugar de estudios y se pueden centrar en precisamente eso: estudiar.
Quizá desde el extranjero se entienda menos el ambiente hostil en las secundarias de Estados Unidos, pero existe. Y no en este tema de la homosexualidad nada más, sino en muchos otros.
Según cifras de la Universidad de Harvard, el 34% de los estudiantes masculinos de secundaria en Estados Unidos se ha visto involucrado en una pelea o paliza. Y los abusones acaban siendo una lacra en la sociedad: el 60% de los que confiesan haber pegado a alguien en el colegio acaban tras las rejas a los 25 años. El 43% de los estudiantes de intermedia y secundaria (séptimo grado en adelante) de EE.UU. evita ir al baño en el colegio por temor a ser golpeado o insultado (Revista Mothering).

Comentarios ( 2)
No, muchacho, desde España es perfestamente posible comprenderlo. Lo que pasa es que hay un pacto cobarde de silencio por parte de las autoridades (sean del partido que sean), los medios y los padres, para no hacer temblar los cimientos de los aparcamientos de muchachos.
Como en un curso ante universitarios que impartí tuve que responder: los profesores de enseñanza media no podemos ni plantearnos la puesta en marcha de algunas iniciativas de enseñanza en clave gay, porque estamos ocupados en proteger físicamente a los alumnos que, siéndolo o no, les parecen "maricones" [en el uso más ofensivo de la palabra] al gupo de matones de turno.
Fue muy divertido ver el caso de un compañero no especialmente tolerante (de conversación) en la cuestión cuando se encontró a un alumno acosado. La parte buena del asunto es que, a sus cincuenta y tantos, cambió radicalmente de discurso.
Por Juvenal | 10 de Septiembre 2003 a las 03:09 AM
Por cierto, menuda pieza el reverendo de las narices. Lo divertido del asunto es que eso se traduce vox populi en una condena de las religiones. Eso es una herejía en toda regla. A lo mejor habría que hacer una especie de Inquisición multirreligiosa, no para mandar a la hoguera, sino para hacr una lista de los imbéciles que conculcan su propia religión en nombre de un supuesto hilo directo con las alturas...
Por Juvenal | 10 de Septiembre 2003 a las 03:14 AM