Una amiga de mi hermana está enamorada de su jefe, que es gay. Ella está empeñada en que le puede cambiar, en que de alguna manera él va a sentir atracción sexual por ella. Según me describen a él, es «muy gay», una forma muy fina de que es una loca tota que suelta plumas nada más pensar.
Él la está evitando; ella cree que es porque despierta sus latencias heterosexuales, y claro, no puede ser en este mundo tan políticamente correcto. Nosotros creemos, utilizando la cuchilla de Ockham, que sencillamente le repele o le sienta mal que una mujer no respete su palabra.
Yo creo que el amor romántico es posible para mí con cualquier sexo, no cierro ninguna puerta ni digo que de este agua no beberé. Pero antes de que mi madre se ilusione mucho, debo aclarar que el deseo, la lujuria que todos llevamos dentro, es muy difícil de calibrar. Y la siento dirigida hacia las personas de mi mismo sexo. Para mí, lo natural es fijarme en ellos y no en ellas.
Hay una mujer por la cual he sentido verdadera atracción física, pero el ejemplo es verdaderamente irrisorio y un tópico como la copa de un pino. Es Cher, en Moonstruck (Hechizo de luna), cuando se encuentra con Nicolas Cage en la fuente de la Ópera Metropolitana. No sé, a lo mejor sólo me hubiera gustado ir del brazo con ella a ver La Bohéme, pero la encontré tan maravillosamente preciosa que quién sabe...
Y eso que soy producto de una sociedad que nos condiciona a determinar qué atributos son importantes en el sexo opuesto, y a manifestarlos: «¡Tía buena!» «¿Has visto las domingas en esa?» «Joer, qué culo...» Cuando salí del armario y se lo dije a mi padre, en uno de los gestos más bonitos y puros que ha tenido conmigo, me dijo que hay que aceptar el amor de donde venga. «A mi mujer le he dicho que el día que no esté y le ofrezca amor una persona, que no lo rechace porque venga de otra mujer».
Eso es un punto de vista muy sano y muy libre, pero para mí no es tan fácil, pues el deseo es parte del amor romántico. El caso es que la amiga de mi hermana no es precisamente Cher, aunque sí se parece a un estereotipo gay, una de las mujeres de John Waters, en cualquier encarnación: Hairspray, Cry-Baby, Pink Flamingos.... Además, a mí las personas insistonas me caen como una patada en la espinilla.

Comentarios ( 1)
La pobre chica esa lo lleva bastante claro. ^^;;; Pero no nos burlemos de ella, que lo mismo nos pasa a nosotros cuando nos da por enamorarnos de héteros perdidos... Ay.
Por cierto, para mí es más fácil sentirme atraído por una mujer que enamorarme de ella. Eso último creo que sería simplemente IMPOSIBLE, pues lo que yo busco sólo puede encarnarlo un hombre. Pero más de una vez me he sentido atraído por alguna que otra mujer... Qué horror (con perdón =P).
Por Samuel | 9 de Junio 2003 a las 11:10 AM