Es muy difícil recuperar nada cuando ves a tu pareja jugando con la toalla, la toalla que está a punto de tirar enmedio del ring. No lo hace por afición, ni castigo, sencillamente se ha rendido ya. Sicológicamente, la ha tirado el martes; todo esto a veces parece una pantomima.
La imparcialidad y el sentido común que le son tan caracterísiticos han desaparecido, reemplazados por un sombrío ademán, una triste mirada que todo tiñe de gris oscuro. Casi negro.
Estamos buscando ayuda profesional, pero me choca que lo vea todo así: no sólo podrido, sino perdido. No hay peor ciego que aquel que no quiere ver, y vamos, que este ciego no tiene ganas de abrir los párpados.
Mientras, quiere que crea en una filosofía de pareja en la que hay que estar siempre feliz con tu media naranja, siempre alegre. No bastar estar el uno para el otro, no basta quererse. Hay que hacer feliz. Siempre. En esa filosofía, soy un San Manuel Bueno, Mártir.
