Aviso: esta entrada no es para todo el mundo. Es una de esas cosas que, como me decía uno de los editores más sabios que he tenido, Antonio Bosch, «se escriben en una carta, de forma detallada y sin dejar nada, y luego la rompes en mil pedazos». Sin embargo, no sé hacerlo.
Me he sentido optimista, hasta alegre. Hasta que hemos llegado, haciendo una triangulación de sillones. Debido al tráfico y a las exigencias en la oficina, he llegado un cuarto de hora tarde.
No voy a entrar en detalles, pero me he sentido por dentro como la patronal que oye por primera vez las reivindicaciones del comité de huelga: «¿que quieres QUÉ? ¿De quién?».
No me extraña que se haya sentido así de mal durante estos 10 días. De ese olmo yo tampoco esperaría muchas peras.
Gracias a todos por las cartas, llamadas y comentarios de apoyo. Me hacían falta. Pero dicho en buen cubano, el manisero está ensayando.
