Hay un artículo de UPI, donde se asegura que Saddam Hussein está escondido en el extrarradio de Bagdad. Una amplia red de tribus (?) y de activistas del partido Ba'at le están protegiendo.
«Hay una red de resistencia y es más amplia de lo que habíamos creído», dijo un funcionario norteamericano bajo condición de anonimato.
Según la nota, algunos saqueos son en realidad misiones guerrilleras de socios de Ba'at. Y el ex-jefe de la CIA, Vince Cannistraro, dice que hay evidencia creíble de que Sadam está vivo.
Mientras, las armas de destrucción masivas no aparecen, y aunque Bush ni se inmuta (de hecho, la nueva explicación de la administración Bush, que cambia su filosofía al respecto cada semana, es que Sadam era el arma de destrucción masiva en sí), Tony Blair está empezando a sudar.
Esto no representa problemas para Bush a corto plazo (y recordemos que el único plazo que verdaderamente le importa a Bush es el que vence el 2 de noviembre de 2004, fecha de las próximas elecciones), pero sí deja un testimonio de que no le da peso a su palabra.
Primero prometió capturar a Osama, vivo o muerto. Al año y pico dijo que el paradero del jefe de Al-Qaeda era inconsecuente. Después prometió un «Plan Marshall» para Afganistán, pero la situación en ese país es bastante fragil, y el Talibán está recuperando terreno poco a poco. La alergia norteamericana a no desplegar muchas tropas de tierra puede ser la acertada desde un punto de vista pasajero, estratégicamente hablando. Pero no es la correcta para un país que te conviene controlar.
Después viene Sadam, y la definición personal que hizo de la misma guerra, que no se podía confiar en Sadam. Y ahora Sadam y sus secuaces están dando vueltas a Bagdad, como buitres hambrientos.
Y luego las armas de destrucción masiva, sobre las que he comentado en demasía.
Si a eso se añade el fracaso de su política económica, cualquiera diría que Bush es un presidente impopular. Nada de eso.
Pero no hay que olvidar que aunque el pueblo estadounidense es muy manipulable, es también muy olvidadizo y caprichoso. El problema de tratar a la población como a un niño es que también le dan las perretas y berrinches típicas.
