El periodista dominicano Marino Zapete fue brevemente detenido a principios de esta semana tras escribir un artículo-diatriba denunciando la construcción de una casa privada con, al parecer, fondos públicos. La ley dominicana no contempla la prisión preventiva por delitos de prensa, y tras cierto escándalo y revuelo internacional, Zapete fue liberado. Se acogió a la libertad de expresión, con todo derecho.
Bien, Zapete puede hacerlo porque afortunadamente (para él) no hay un rigor periodístico ni un cuerpo profesional que vigile y determine qué comportamiento y contenido es periodístico. Está en pleno derecho, pero su artículo, que pongo abajo, tiene serios problemas desde cualquier rigor profesional. Entiendo que pueden haber dificultades para practicar el periodismo investigativo en este caso, pero precisamente porque se trata del primer mandatario de un país, se debe proceder con la máxima cautela y voluntad de recopilar pruebas. Además, Zapete confunde y mezcla géneros: el periodismo investigativo y el de opinión, y luego tras ese sancocho, añade un tercer género: la diatriba política. Y todo en una misma nota.
Como periodista investigativo, Zapete recibe un suspenso. Probablemente lo que dice es verdad, pero no se ha preocupado por demostrarlo. Da algunos datos, no muchos, sobre la finca. Pero obviamente no hay facturas, comentarios o pruebas de ningún contratista o persona allegada a la obra. Que el presidente de un país visite una obra no quiere decir que sea el propietario de la misma. De hecho, no hay investigación alguna en un registro de la propiedad.
Repito, probablemente lo sea, y dado el nivel de corrupción en República Dominicana, me parece muy posible. Pero el artículo no lo demuestra. Aparte de avanzar jugosos detalles y testimonios en primera persona, no hay prueba fehaciente alguna, salvo las apariencias.
Esto queda patente cuando en otro web (http://cafebambu.com/index.htm) hoy aparece la siguiente declaración sobre Zapete: «retó esta mañana al presidente Hipólito Mejía a que demuestre que no utiliza los recursos del Estado para su beneficio personal». Por motivos de relaciones públicas o políticos, quizá Mejía tenga que aportar pruebas. Pero no por motivos jurídicos, porque lo presentado no ha quedado demostrado ni remotamente. El periodista investigativo serio no puede retar a nadie a que demuestre lo contrario a algo que no ha sido probado, aunque parezca aparente.
De investigador con pocas pruebas pero con muchas ganas, Zapete pasa directamente a ciudadano herido por la corrupción aparente. Y empieza a establecer criterios que aunque sean válidos, no pertenecen en ninguna crónica periodística que se respete: «Por las caras del grupo, es fácil deducir que ninguno de los presentes tuvo la entereza de decirle al Presidente que no es correcto lo que está haciendo, que ha perdido la cordura. Al contrario, todos parecían celebrar, burlarse de la humanidad».
De hecho, hasta para una columna periodística seria, lo anterior es demasiado, aun si se han establecido pruebas más contundentes. Asegurar que se burlan de la humanidad no sólo es peregrino y presuntuoso, sino sumamente insultante y poco profesional.
Todo parece sacado de un pasquín electoral, y esto queda aparente al final de la nota: «para este país sería más saludable que entre el mar, antes que reelegir a Hipólito Mejía».
Choca mucho la ausencia de datos, y como conclusión lógica, esto está completamente desacertado: «Ese señor perdió la cordura». Aparte de que no hay prueba alguna de que perdió la cordura, el comportamieto de Mejía (de ser cierto, que tampoco está demostrado) es corrupto, venal, bochornoso. Y apunta a que el mismo presidente puede ser todas esas cosas, pero no loco.
Repito, desde un criterio estrictamente periodístico, este señor no me convence. Ha demostrado, como bien dice su lead, que hay rumores insistentes. Este es uno más.
DESNUDO EN JARABACOAMarino Zapete C.
SANTO DOMINGO En las últimas semanas ha circulado un rumor insistente de que el Presidente Hipólito Mejía está utilizando recursos del pueblo para construirse una estancia campestre de lujo en la zona turística de Jarabacoa, con una inversión millonaria. El pasado sábado en la mañana decidí conocer la verdad sobre el asunto. Tomé la carretera hacia las montañas de Jarabacoa y me quedé perplejo al ver el proyecto personal que desarrolla nuestro Presidente en la comunidad de Sabaneta, en medio de las miradas incrédulas de los habitantes de la zona.
Desde que tomé la carretera que va a la Escuela Nacional Forestal y al "El Salto de Jimenoa", era notorio el tránsito fluido de grandes camiones, equipos pesados y decenas de técnicos y obreros trabajando en la vía de acceso. Me sentí alegre al ver la construcción de la carretera, pues a pesar de que se trata de un sitio turístico al que acude una gran cantidad de personas, la vía se mantenía intransitable por décadas, y ningún gobierno la había reparado. Grande fue mi sorpresa cuando comprobé que no se repara la carretera por la que transita el público en general, la que conduce al Salto de Jimenoa, sino que se construye una vía expresa de acceso a una mansión campestre del Presidente, ubicada en la comunidad de Sabaneta Para mayor sorpresa, más adelante me informé de que el Presidente Mejía ha construido un acueducto exclusivo para su proyecto, mientras los moradores de las comunidades vecinas llevan años esperando por un servicio de agua eficiente.
El proyecto del Presidente consta, entre otras instalaciones, de una residencia de tres niveles, incluyendo un subterráneo, con estructura de acero; una caballeriza y un moderno sistema de invernadero para la producción de vegetales. Mientras pasaba por el frente del proyecto, ante las miradas inquisitorias de los militares que custodian, me preguntaba si realmente era cierto que ese proyecto era de Hipólito Mejía, pues me parecía una burla a la comunidad.
Para sacarme de dudas, en ese mismo instante llegó al lugar la "Casa Rodante" del Presidente, donde el mandatario toma sus alimentos y despacha documentos cuando está fuera de sus oficinas. Unos instantes después, llegó un helicóptero con el Presidente abordo y se estacionó al frente de la casa de acero. En pocos minutos, los vehículos de lujo de funcionarios y amigos se acumulaban como hormigas para celebrar la brillante idea del mandatario y recorrer las instalaciones.
Por las caras del grupo, es fácil deducir que ninguno de los presentes tuvo la entereza de decirle al Presidente que no es correcto lo que está haciendo, que ha perdido la cordura. Al contrario, todos parecían celebrar, burlarse de la humanidad. Nadie le dijo a Hipólito que no es correcto extraer material del río Jimenoa, cuando a otros ciudadanos se les prohíbe. Nadie le dijo que no es decente destinar a un subsecretario de Estado de Medio Ambiente, Andrés Escarramán, pagado con los recursos del pueblo, para utilizarlo a tiempo completo en su proyecto personal. Al parecer, nadie le dijo que no es honesto tomar las aguas públicas para construir un acueducto particular, cuando miles de familias de la zona llevan decenas de años esperando un poco del preciado líquido.
No le dijeron que es un abuso y una burla convertir un camino rural en una espléndida carretera para beneficio de una sola persona, utilizando el tráfico de influencia y personal pagado con recursos del pueblo, mientras los hombres y mujeres de aquellas comunidades sólo observan impotentes. No le dijeron que es una falta de tacto poner a operar su moderno sistema de invernaderos, cuando la Secretaría de Agricultura terminó de construir 17 en esa misma zona hace un año, y no ha podido ponerlos en producción porque no tiene con qué comprar los sustratos, la camas y otros materiales menores.
El Presidente no ha pensado que hasta ahora no ha puesto en operación uno sólo de los 295 invernaderos que él prometió al pueblo dominicano, mientras dedica sus esfuerzos e influencia para su proyecto personal. No le dará vergüenza que su carretera personal termine exactamente en el límite de su propiedad. Después de ver ese proyecto con mis propios ojos, entiendo por qué le gusta tanto "el carguito" y por qué quiere reelegirse. También comprendo que para este país sería más saludable que entre el mar, antes que reelegir a Hipólito Mejía. Ese señor perdió la cordura. Y lo digo sin miedo.
