X-Men II (perdón, X2), tiene el dudoso honor de ser una de las películas con mayor marketing en la historia de Hollywood. De hecho, tras sacar el DVD de la primera película hace año y pico, acaban de sacar otro titulado X-Men 1,5. Tiene la misma película que el primero, pero en fin, se pagará cualquier cosa por ver la peli favorita.
Por otra parte, la silla de ruedas del personaje de Patrick Stewart, el «profesor» Xavier, fue vendida tras la filmación de la primera. En una orgía de comercialismo, la subastaron. Ahora, se ve que no hay otra igual y se la alquilaron al propietario.
Hoy he ido, casi a regañadientes, a ver X2 con Josh y los amigos adeptos a los X-Men, que debo decir que no son pocos. La película de por sí es una orgía de acción compaginada con una alegoría anodina a la tolerancia. Ya me imagino los comentarios y las velas negras que van a surgir a raíz de esto, pero la película tiene un par de fallos.
El primero es que parte de la base que te conoces el rollo. Vi la primera en circunstancias parecidas, pero confieso que apenas me acuerdo de los detalles. Hoy con X2 estuve perdido durante los primeros 20 minutos, aunque un poco aliviado por los excelentes efectos especiales. Luego, ya entrando en el segundo fallo, se adquiere cierto aire de familiaridad. Se debe a que es una copia de muchas películas, una especie de Pulp Fiction sin el guiño al espectador. No me quejo, si me dan a elegir entre un original malo y una copia buena, prefiero la última. Y esta lo es.
Otro detallito es que promociona un poco la agenda homosexual. El director es gay, y también lo son dos de los principales actores (el perverso y pervertido Ian McKellen, y Alan Cumming, que hace de Nightcrawler). Obviamente, no soy quien para quejarme de esto, pero si se ve la película con ese subtexto (que más que guiño sutil es una patada en la espinilla), se disfrutará un poco (más).
Cuando salga X3, (no lo dudes, vendrá) espero haberme olvidado de estos detalles. O quién sabe, quizá X2,5 me los recuerde. Ya me imagino las velas negras, ya.
