Este es uno de esos posts de los que me arrepenteré de haber escrito. Hoy se celebra aquí el Día de la Madre, y vamos a cenar. El viernes le pregunto a mi madre que adónde quiere ir. Y me dice que da igual, pero que no quiere «hablar inglés, que se le da mal. Prefiero que sólo estemos nosotros ». Ayer, me dicen que vamos a cenar a un restaurante argentino, churrasquería y vacas muertas por todas partes.
Aquí hacen falta dos aclaraciones:
- Josh no sabe casi nada de castellano. Tiene su minivocabulario y entiende algunas cosas, pero nada más.
- Josh es vegetariano. Hace 10 años que no come carne, pollo, pescado, pavo, jamón, perdiz, etc...(hago hincapié en las comidas porque hay quienes le han preparado un pollo para cenar). Lo hace por razones espirituales y personales, y se lo va a pasar crudo en España.
Seguimos. Cuando comento que a lo mejor va Josh, la respuesta es: «¡si no hay nada que pueda comer él!» Mi primer error es no haber dicho nada en su momento. Mi segundo ha sido rezar para que Josh no quisiera ir. Nananina. «Maybe I can eat a salad», me dice. No sé cómo explicárselo, pero finge aceptación cuando por fin asimila que sencillamente mi madre no quiere que vaya.
Aquí vienen mis errores tercero y cuarto: Ir, y pretender que no pasa nada. No puedo, me siento como mi padre cuando le dan esos cabreos de olla exprés que tiene. A los 10 minutos de sentado en el restorán (que tenía una modesta selección de pasta), no puedo más. Desembucho, y digo que me parece feísimo.
Sólo logro meter más la pata, me desahogo, pero tendría que haberlo dicho en su momento. Mi madre se siente mal. Le digo que defiendo su derecho a tener una cena, y a elegir estar sin Josh. Pero que a partir de esta noche me obligará a mí también a elegir . «Ay, perdón, hijo. Es que estoy más cómoda hablando en español. Si viniera él, hablaríais en inglés y no me enteraría de nada».
En fin, tener madres y maridos para esto. Las cosas ya venían finas de antes, y esto no contribuye a la distensión.
