Anoche celebramos otra reunión más del Proyecto Igualdad de SAVE Dade, cuya sede está en el edificio de la organización veterana American Legion. Antes de psar a la reunión, nos solemos congregar en el bar de abajo para tomar algo y charlar. Esto en Miami es toda una excepción, pues es rarísimo que una organización social tenga un bar, y si se tiene en cuenta el carácter conservador del American Legion, más extraño todavía es que alquilen espacio a una organización gay.
El edificio parece una mezcla entre palacio de Sadam Husein e iglesia antigua de barrio pobre, con amplias y severísimas arcadas y paredes revestidas de contrachapado. La iluminación es tenue y las primeras cien veces que entras al vestíbulo, da miedo. Y luego está el bar, que parece sacado del año 1982. En una esquina está Ms. Pac-man, una máquina tragaperras en la otra, la misma mala iluminación y una bar(wo)man tan mayor que parece que mandó a sus hijos a Vietnam.
Las bebidas son generosas, llenas de alcohol (el Cuba Libre verdaderamente te hará libre) y en vasos nada glamourosos. El servicio es malo, pero cada copa vale tres dólares, o sea que no te puedes quejar. La directora de SAVE lleva meses pidiendo que traigan Bacardí Limón, pero no le hacen mucho caso.
El público que se congrega es mayor, callado pero tienen ese rasgo común de veterano maltratado por la vida. Y todos son norteamericanos, otra innovación en Miami. Es todo una oda a los años 50, cuando Miami era una ciudad sureña conservadora y sumamente racista. Menos mal que los tiempos han cambiado. Ahora somos una ciudad cosmopolita conservadora y sumamente racista.
