Estoy en contra de esta maldita guerra, y espero que acabe pronto. Pero hoy he leído un artículo de tan sumo heroísmo y humanidad, que me ha conmovido. Se trata de «Muhammed», un abogado iraquí de 32 años que logró sin saberlo el rescate de Jessica Lynch, la soldado prisionera. Muhammed estaba visitando a su mujer, una enfermera en la ciudad de Nasiriya, cuando observó que la prisionera estaba siendo abofeteada en una camilla. Cargado de indignación, anduvo 10 kms. entre bombardeos hasta localizar a una unidad de Marines, que al principio sospechó.
Los Marines le interrogaron, y le mandaron nada menos que dos veces de vuelta al hospital, a pie, para que recopilara más información. El hombre lo hizo, y gracias a él se rescató a la prisionera. Se puede argumentar que en esta guerra cargada de sangre, este gesto humanitario se pierde entre tantos muertos y sufrimientos. Pero es esta hazaña, esta exaltación de la capacidad del hombre para jugarse el pellejo y el de su familia por alguien a quien siquiera conocía que pone en relieve por qué esta guerra es tan trágica.
Muhammed está en un campo refugiados en el sur de Irak. «Toda persona, sin importar su nacionalidad, es un ser humano», ha dicho. Ojalá GW Bush pensara lo mismo.
