Confesión: Hace algunas semanas tenía bastante claro que no iba a votar por el PP. Me considero de izquierdas, pero debo confesar que he votado por Aznar dos veces, en 1993 y 1996. Sencillamente no tragaba a Felipe González. Este voto próximo se estaba acercando al PSOE cuando hablé con Javi. Me contó que consideraba la gestión del Partido Popular buena. Javi no vive precisamente en un chalet de Puerta de Hierro, y en el último desfile de orgullo gay se acercó a la comitiva socialista y les increpó que por qué no hicieron nada por el tema durante 14 años en el poder. El único detalle era Madame Bottle, y la susodicha dejó entrever el otro día que gracias al PP se ha cambiado la política de los Guardias Civiles y que «el movimiento se demuestra andando».
En eso me llegó el programa electora del PP, y una carta del presi detallando los avances sociales y demás. Casi estaba convencido, pero luego me leí la famosa carta de Antonio Morales Milanés a los españoles de Nueva York. La carta en sí es una idiotez, y no puedo culpar al gobierno o partido por ella. Pero en ella se recoge algo que me llamó la atención:
«O ¿quieren [sic] dar por ello [Prestige y apoyo a EE.UU. en Irak] un voto de castigo al PP como si estuviéramos en un colegio de enseñanza primaria...?»
En un colegio no, pero la política es así. Si la actuación del Prestige no me pareció muy clara (las cacerías de Fraga, etc...), lo de Irak me pareció un grave error, que por ahora no ha salido tan tan mal. Fue una apuesta alocada e innecesaria, a cambio de un protagonismo efímero. Que se haga algo tan mal con la oposición de casi todo el pueblo y los aliados pasa de ser una metedura de pata política a un error de estado. Entonces decidí hoy en la ducha que no iba a votar por el PP. Sencillamente no puedo apoyar al partido que hizo eso.
Al salir al coche (perdón por la narrativa, pero juro que le doy vueltas a las cosas así), sin embargo, tengo en cuenta mi limitada experiencia como activista. A los políticos hay que premiarlos por sus posturas, y Ruiz Gallardón ambiciona ser presidente del gobierno. Si prospera como alcalde de Madrid, quizá lo alcance. Sin duda, no me parece que lo haya hecho mal en dos temas próximos a mi corazón (el metro y los asuntos gay).
O sea, que vuelvo a la duda. El voluminoso sobre del Instituto Nacional de Estadística está a punto de llegarme para que vote por correo. Por ahora, me inclino por Ruiz Gallardón a la alcaldía, y Rafael Simancas a la presidencia de la comunidad. ¿Sugerencias?
Aclaratoria: no creo en la abstención. Me veo con la obligación de elegir un candidato. Votar es un privilegio que siempre procuro ejercer.
