El embajador iraquí ante la ONU, Mohammed Al-Douri, ha dicho que la «partida se acabó». Hay rumores del paradero de Sadam Husein, unos dicen que está sepultado en los escombros de un búnquer en el barrio Al-Mansul, otros dicen que está exiliado en la embajada rusa (los diplómaticos rusos han comentado, cagados, que no está ahí, y que por favor no los bombardeen), hay informes de que está en su ciudad natal, Tikrit, o que está echandose una partida de mus con Osama bin Laden.
Quizá haya resistencia por días, y luego todos los grillos de todas las jaulas que han abierto (los kurdos, los chiítas, los palestinos) desfilarán por televisión. Pero hoy por hoy, me alegro por el puebo de Bagdad, que en su mayoría no salió a tumbar la estatua de su dictador sino a dar gracias a Dios que están vivos.
¿Y ahora qué? La economía estadounidense se debate entre la crisis y la recuperación, y los pacifistas tenemos que replantearnos lo que es moral y justo en este mundo nuevo que empieza hoy. En qué locura nueva nos va a embarcar este borracho «seco», este hijo de papá que nunca ha sufrido un revés serio desde que empezó su vida política.
Por lo menos en la resistencia contra Bush hay buenas noticias, Michael Moore, que ganó el Óscar por su documental Bowling for Columbine e hizo historia con su discurso, cuenta varias cositas alentadoras:
-El día después de su crítica a Bush en la gala del Óscar, la audiencia en su doumental aumentó un 110%. El fin de semana siguiente, aumentó un 73% Lleva 26 semanas en cartelera, y desde los Óscar, han aumentado las pantallas que la exhiben. Ha establecido una nueva marca de recaudaciones para un documental.
-El 6 de abril, su libro Stupid White Men, crítico de los desatinos corporativos de Bush, volvió al primer lugar de los bestsellers del New York Times. Lleva 50 semanas en la lista.
-En los dos días posteriores al Óscar, más personas compraron anticipadamente en Amazon.com el vídeo de Bowling for Columbine, que el vídeo de Chicago.
-La semana pasada obtuvo dinero para su próximo documental, y le han ofrecido hacer un programa de televisión nuevo.
Pero me temo que se nos avecina una crisis muy fuerte. La bolsa de valores de Nueva York se ha convertido en algo sumamente peligroso durante los últimos 10 años. En teoría, una bolsa debe reflejar el precio de mercado de las acciones de una empresa. Fue diseñada para inversionistas, que por lo menos estudiaban las empresas. Pero debido a la enorme incursión de inversionistas de a pie en la bolsa (se calcula que un 25% de los norteamericanos y muchos inversores europeos y japoneses tienen acciones en Wall Street), es como ir a un mercadillo que venden animales sin haber visto a un animal en tu vida. Y los que te guían y asesoran la compra se benefician si compras, no si ganas o pierdes.
Ya he comentado anteriormente sobre la relación beneficios/precios, que es el mejor indicador de una burbuja, o inflación excesiva del valor de una acción. Debido a todo esto, el mercado y sus inversores reaccionan de forma sentimental ante las noticias. Superada la barrera de que todo esté inflado, a sus clientes les da igual o no aprecian el sutil matiz. Esto es un problema, pues como dijo Paul Volker, ex director de la Reserva Federal (Banco Central de EE.UU.): .«La suerte de la economía mundial está en manos del mercado de valores de Estados Unidos, cuyo crecimiento depende en unos 50 valores, la mitad de los cuales nunca han declarado beneficios».
Esta orgía de inversión se basa por lo tanto en corazonadas sentimentales: Hemos ocupado Bagdad, sube la bolsa. Bueno, no del todo, baja la bolsa. Sadam está muerto, sube. Bueno, quizá no. Vuelve a bajar. Pero tarde o temprano, como hoy, las malas noticias sobre la economía real, son superiores a cualquier logro militar.
Los inventarios de mayoristas siguen altos (eso quiere decir que nadie está comprando materiales y por lo cual no hay pedidos en las fábricas), la producción industrial sigue bajando, el empleo está estancado, los consumidores no compran, y las empresas no tienen beneficios. Tarde o temprano el mercado se tiene que fijar en estas cosas y ver que la economía no está nada bien.
Por otra parte, cada día estoy más convencido de que George W. Bush es un infiltrado indoctrinado en la antigua Unión Soviética, dispuesto a destruir el sistema capitalista de Estados Unidos. Que quiera hacer guerra perpetua por fines electorales, vale. Que quiera dar «alivio» a los ricos, que de por sí tienen la carga impositiva más baja del mundo industrial, vale. Pero que encima dispare los déficits hasta cotas insospechadas es sumamente irresponsable. La economía, por muy robusta e innovadora que sea, no puede aguantar esto a largo plazo.
La deuda pública de EE.UU. asciende hoy a $6.460.697.206.431,50. Si surge el espectro de gastos militares a mansalva y la perspectiva de una crisis financiera sin recuperación, la posibilidad de un colapso económico aumenta más y más. Me parece que Bush ha apostado por una salvación política mediante la intervención militar constante, y este precio de imperio es demasiado alto. Y si EE.UU. cae, se llevará a medio mundo.
