Cuando fui a Santo Domingo por primera vez como adulto, mi padre me avisó de dos diferencias lingüísticas que me podrían causar problemas: «chulo es guapo, guapo es chulo. Y se dice funda cuando quieras decir bolsa. Bolsa para los dominicanos quiere decir los cojones».
Claro, quedaron las puertas abiertas para que metiera la pata, y lo hice esa misma noche. Fui a comprar un plano gigantesco de la ciudad de Santo Domingo, y cuando me lo dio un dependiente, le pregunté «¿tiene una bolsa grande?» Aunque, una vez percatado de mi error, en mis fantasías confieso que me hubiera gustado que me dijera, «bueno, si quiere vea y compare», sólo puso cara de espanto. Luego se dio cuenta que no era de allí, y me corrigió: «No tengo una funda grande, lo siento».
A mí me pasó lo mismo que al dependiente cuando, tras hablar durante varios años con la directora de una compañía miamense de zarzuelas, fui al local por primera vez a entrevistar a los integrantes de La pícara molinera. La directora creía que era un vejestorio, y al verme en persona, exclamó: «¡Si estás hecho un pollazo!» Quiso decir que le parecía muy joven (pollo=joven, pollazo=jovencísimo). Pero sonrojé igual.
Trabajé varios años en el periódico El Nuevo Herald, y claro como en Miami hay gente de todas partes de Latinoamérica, por lo general se procuraba no ofender a ninguna nacionalidad. El Nuevo sacó en su sección especial de quinto aniversario un artículo cuyo título he copiado hoy: «Cuándo no se debe coger la guagua». Relataba Pedro Sevcec esto mismo que estoy contando yo. En el Caribe, coger la guagua es montarse en autobús. Pero en Chile, por ejemplo, significa en el argot popular «follarse a la niña».
Es precisamente en Chile donde estas diferencias son más delirantes. En casi toda Latinoamérica, la palabra polla se refiere a un sorteo y también a una lotería. Por lo cual en Chile hay anuncios que rezan «Sáquese la polla y hágase millonario». «Con la polla puede ganar mucho dinero». Pero siempre tengo uno favorito: «Sáquese la polla y haga feliz a toda su familia».
Todo esto lo cuento porque como Samuel y yo a veces tenemos conversaciones lingüísticas que se asemejan a las del Coronel Pickering y el Profesor Higgins (con el permiso de George Bernard Shaw), pues estoy ensanchando mi sección de idioma para poner . Incluir todas las diferencias es imposible, pero he puesto las que me parecen más curiosas.
