Peluche, que siempre me hace reír con sus entradas, me sorprende con este post el sábado:
La página de emilio siempre me ha recordado a los primeros minicines que abrieron es Salamanca, su dueño, cinéfilo empedernido, había creado un pequeño refugio de magia, no solo quería proyectar cine sino que se notaba que lo amaba, que lo respetaba, que quería que lo disfrutaramos de verdad. Durante mucho tiempo no importaba saber que película exactamente queriamos ir ver, bastaba con ir a los minicines y elegir al azar, con toda confianza sabíamos que sí la película la ponían alli, no nos iba a defraudar, y así era siempre. Con emilio pasa lo mismo, uno puede recorrer cualquier rincón de su página sabiendo que siempre, siempre, va a encontrar algo que merece la pena.
La primera reacción es sorpresa, la segunda gratitud, pero he de confesar que la tercera ha sido orgullo. Está muy mal que diga esto, y aunque debe constar que entre mis vicios no cuento la vanidad, me he esforzado en poner todos mis intereses y vida en esta web. Lo curioso es que mi vida es bastante aburrida, pero bueno, eso se lima un poco y se acabó.
Dado ese empeño, rescato esta página. Es un tema que me ha causado varios disgustos en mi vida, algunos de mi propia creación, y que hace año y pico me costó el último. Pero es parte de mi vida, o sea que la añado (reformada, por supuesto). Aviso a los cizañeros cotillas de la vez pasada, para que lo transmitáis rápido.
