Desde niño me gusta sufrir, tengo cierta propensidad a pasarlo mal, principalmente para poder quejarme y contarlo después. Me acuerdo que lloraba mucho por cualquier cosa, pero el llanto era una especie de catarsis, lloro de pena pero luego casi de alegría.
Por lo cual, es normal que me gusten los gimnasios. Hombre, me gustan por otras razones, pero desde que me hice socio de uno el año pasado, solía ir con asuidad. Dejé de asistir más o menos a principios de año, y como un apóstata, hoy decidí volver al seno de mi iglesia.
Antes de salir, tengo una conversación con mi sobrino, que me ha venido a visitar y de paso a ganarse una pasta gansa limpiando mi casa. Empezamos a hablar de técnica de sufrimiento (léase musculación) y Eric es toda una eminencia, pues es deportista, está en forma, y aunque con tendencias a ser flacucho, un cuerpo envidiable (nota del autor: yo no tengo un cuerpo ni remotamente parecido).
Sobrino: ¿Cuántas repeticiones haces?
Yo: Depende si marco un gol o hay penalti, entonces hay repeticiones...
Sobrino: (cara de sorpresa)
Yo: Si no no hay repeticiones
Sobrino: (silencio)
Yo: Hago el mismo ejercicio 10 veces, y lo repito dos veces. Tres en total.
Sobrino: ¡Uy! Estás perdiendo el tiempo. Tienes que hacer seis repeticiones de un juego de 10.
Yo: (pensando que ha llegado la hora de la liposucción) ¿No me digas?
Sobrino: (con toda la inocencia del mundo) ¿Y lo que haces te funciona?
Iba a contestarle que claro que me funciona, que si no veía el cuerpazo lozano que tenía. Pero como no aprecia mucho el sarcasmo, me callo. Dicen los entendidos que es vital ir al gimnasio con un amigo, así hay motivación. Yo tengo amigos muy gordos o que viven muy lejos, o sea que voy solo.
Pero veo a dos que montan un espectáculo. Ambos parecen heterosexuales, pero cuando uno levanta unas pesas gigantescas, el otro se pone detrás, para darle «apoyo». Mientras levanta, estira todo y gime, gime y no deja de gemir. No se sabe si estamos presenciando una película porno, pero yo por lo menos dejo de hacer pesas y me quedo mirando (y oyendo).
Si tuviera amigos como esos que me acompañaran al gimnasio, iría más a menudo.
