Anoche operaron a Justin. El diagnóstico: no sabrán si volverá a andar hasta dentro de un año. La microcirugía aparentemente fue bien, pero es una cosa tan delicada que tardará 12 meses en saberse si la columna vertebral sanará o no. Mientras tanto, no podrá moverse mucho.
A la madre de Josh le entró un ataque de histeria al enterarse, porque esto es una verdadera prueba. Verdaderamente no tienen los recursos para quedarse indefinidamente en el hospital, que está a tres horas de su casa. No sé lo que va a pasar, todo es espantoso y súbito, una señal más de lo vulnerable e insignificantes que somos. El pobre Justin se echa a llorar cada vez que pasa algo que sale de la rutina, incluyendo cualquier función fisiológica que anteriormente era voluntaria, o por lo menos controlable.
Esto me pone mal, aparte de lo trágico de por sí, la incertidumbre. Una moraleja, entre otras muchas, para ir siempre con el cinturón de seguridad puesto.
