Hoy operan a Justin, el hermano de Josh. No va a ser nada rehabilitativo ni milagroso, sino más bien para fijarle un poco la columna vertebral, que está bastante desbaratada, y probablemente fusionar un par de vértebras. De paso, se van a fijar en la lesión a la espina dorsal, viendo de cerca la gravedad.
No sé nada todavía, la intervención era a las 15 h. de Arizona, y de eso hace ya cuatro horas. Pero todo el mundo que conoce a Justin, un chaval avispado y muy simpático, se ha quedado impactado. Mi hermana Margarita me escribe para decirme que aunque no cree en los milagros religiosos, sí cree en los otros. Ojalá se dé.
Yo creo en los milagros, este mundo está lleno de ellos, grandes y pequeños, obvios e imperceptibles. A veces esta vida es tan aleatoria y puñetera que hace falta tener ese tipo de fe para poder echar pa' alante. Mientras, Josh está de guardia en el asilo, estoy cambiando las cosicas del web (foto, barra) y me pregunto por qué tengo que hacer todo esto a mano, si no me convendría más un Movable Type o un Greymatter. Pero creo que no, hacer estas tonteritas me relaja.
Y estoy recuperando mi viejo amor a la ópera, con tres o cuatro arias increíbles, principalmente la estupenda Au fond du temple saint (de Les Pecheurs de Perles). Hoy tengo ganas de belleza y armonía. Como dijo Red, escuchando la Canzonetta sul'aria, en The Shawshank Redemption:
«I have no idea to this day what those two Italian ladies were singing about. Truth is, I don't want to know. Some things are best left unsaid. I'd like to think they were singing about something so beautiful, it can't be expressed in words, and makes your heart ache because of it. I tell you, those voices soared higher and farther than anybody in a gray place dares to dream. It was like some beautiful bird flapped into our drab little cage and made those walls dissolve away, and for the briefest of moments, every last man in Shawshank felt free.»
