Una mala noticia, opacada y obviada por la trágica guerra en Irak, ha sido la detención de varios periodistas independientes en Cuba, so pretexto de traición. La fiscalía del país ha pedido (y obtenido) la condena a varios reos, entre ellos a Raúl Rivero.
Conocí a Raúl por teléfono en 1996, cuando era reportero-factótum en El Nuevo Herald, y le tomaba las notas. Presentaba artículos, que a veces ni eran publicados, sobre los pequeños ultrajes que comete diariamente el régimen castrista: prisioneros de conciencia enfermos que eran llevados a cárceles remotas y negados atención médica, despidos a médicos creyentes, abusos contra miembros de un movimiento de derechos humanos. Hasta que le conocí telefónicamente, confieso que me creía a medias el rollo patatero de la Revolución Cubana y de sus beneficios para el pueblo. 
Pero entonces, le dije mitad en broma y mitad en serio, mientras me dictaba sus artículos: «oye, te voy a comprar una máquina de fax». La respuesta fue contundente, con ese deje caribeño bien plantado que tiene: «no, si el problema no es que no tenga una máquina de fax. Ya me he comprado cuatro, cada vez que instalo una, viene la Seguridad del Estado y se la lleva». Luego, empezaron a interrumpir sus llamadas al periódico, «esos hijoputas de la Seguridad del Estado me están tocando los cojones», decía, casi de forma telegráfica. Después, le quitaron la línea telefónica. Tenía que llamar a Miami desde casa de sus amistades, cuyo círculo se redujo, debido a intimidación por parte del aparato policial. Al final, cuando la Seguridad del Estado le prohibió salir de su casa, le daba las notas a visitas, que después llamaban desde otros puntos: «Soy fulanito, y tengo una nota de Raúl Rivero». Cuando también habían represalias, llamaban y durante cinco minutos hablaban de temas familiares para despistar un poco a los escuchas.
Hace 12 años, Rivero firmó una carta abierta al régimen, pidiendo que liberara a los presos de conciencia. De los 10 firmantes de esa «Carta de los intelectuales», es el único que sigue viviendo en Cuba. Ha recibido galardones de periodismo de la Sociedad Interamericana de Prensa y de la Universidad Columbia. No puede publicar notas en su propio país, y publicar artículos en el extranjero es delito por diseminar «propaganda enemiga».
La fiscalía ha pedido hoy una condena de 20 años para Rivero. Que conste que estoy en desacuerdo completo con el discurso y las técnicas del «exilio» cubano en Miami, y que muchos de ellos me caen mal. Pero si alguna vez has dudado de que Cuba sea un régimen totalitario, lo es. Puedes decir que el embargo es crimininal (que no lo es, es sencillamente una idiotez; Cuba obtiene todo lo que puede conseguir en México y en Europa). Pero lo cortés no quita lo valiente. Por lo menos aquí no vamos a la cárcel por expresar disatisfacción con el gobierno.
