En el patio de mi casa, aparte de ser particular, tenemos un gigantesco árbol de mangos. Todos los años suelen dar fruto a finales de abril, pero como ha estado haciendo tanto calor (hoy vamos a llegar a los 30° por noveno día seguido), ya están empezando a verse. La ironía es que aunque compramos nuestra casa en parte porque el árbol tenía mucho feeling, no nos gustan los mangos.
Por lo cual, casi todos los años los niños del barrio se hacen de oro (oro mango, se entiende) con nuestro árbol. Claro, hay años cuando hace frío en abril (frío para abril en Miami, por supuesto) y el termómetro baja a los 15°, mueren todas las frutas prematuras y no tenemos más. Desde el punto de vista del jardín, es más estético así, sin tenerlo cubierto de mangos podridos.
