A mí sobrino Eric le venía fastidiando un chico en el instituto desde hace meses. Según lo cuenta mi madre, en una versión diseñada para no sólo obtener la mayor simpatía sino para encima henchir nuestro nacionalismo, el abusón verbal (las expresiones que se crean, Dios mío) le decía «oye, españolito»
Pues a Eric el jueves se le hincharon los atributos, y le pegó un puñetazo al chico, rompiéndole el morro. El colegio le iba a dar como castigo una suspensión de 10 días (no entiendo muy bien dónde radica la lógica de castigar a un estudiante con la terrible prohibición de que el pobrecito no vaya al instituto por dos semanas). La madre del agresor, siempre según la mía, pidió a los administradores que no castigaran a Eric, que su hijo se merecía un puñetazo bien dado.
No sé que aconsejarle, pues por un lado no se puede ir por la vida pegando hostias a quien te caiga mal, pero por otro, como ex blanco de burlas en el colegio, ya sé que nadie se va a cachondear más de él.
Por cierto, mi sobrino ha abandonado el baloncesto y ahora quiere ser atleta. Le digo que como no espabile, le veo en el Tigris para el otoño.
