Ayer viendo un anuncio, me quedo prendido de un poema de Patrick O'Leary, narrado por James Garner.
There's a place that I travel,
When I want to roam
And nobody knows it but me.
The roads don't go there,
And the signs stay home
And nobody knows it but me.
It's far, far away and way, way afar,
It's over the moon and the sea,
And wherever you are going,
That's wherever you are
And nobody knows it but me.
Hay un lugar al que viajo
cuando quiero vagar
y nadie lo conoce, salvo yo
Las carreteras no van por ahí
y las indicaciones no salen
y nadie lo conoce, salvo yo
Está lejos, muy lejos, y bastante, bastante apartado
está sobre la Luna y el mar
Y donde sea que vayas
es donde quieras que estés
y nadie lo conoce, salvo yo
El anuncio era de una gigantesca furgoneta de General Motors, la Tahoe, pero tenía imágenes de personas en lugares recónditos. Y como mandan los cánones de las multinacionales, GM ha comprado los derechos del poema. Independientemente del desatino de apropiarse de poesía para luego sacarla en un anuncio donde promocionas algo que va en contra del espíritu de la misma (la Tahoe no sólo precisa carreteras, sino muchísimas gasolineras), me llega al alma. Me recuerda a esos sitios, tantos, donde arropado por mi soledad o espíritu de aventura, me he sentido especial: Nacimiento del Tajo, Hoz de Tragavivos, Saw Pit Saddle, Lake Grinnell, los altos del Bahoruco y Valle Nuevo.
Aunque no caigo en la trampa del machismo en casi ninguna ocasión, sí entiendo a la perfección el ánimo del descubrimiento, la vanidad de ser el primero en llegar a algo. Cierto, miles de personas han pasado por los sitios que menciono, y mucho antes y después que yo. Pero me queda el consuelo que millones no saben dónde están, o no tienen interés alguno en pisarlos.
